José Gorostiza comentado por Juan Cú

En LUZ DESDE EL INFRAMUNDO. Revista electrónica de Poesía, presentamos laJuan Cú nueva entrega de “El último Infra.” José Gorostiza. Comentado por Juan Cú

Análisis crítico y mordaz con enfoque lúcido. Disfrútenlo!

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“Los comentarios sólo son un pretexto para leer el texto original”. Juan Cú

 

NOTAS SOBRE POESÍA de José Gorostiza

(México 1901-1973)

El discurso fue leído por José Gorostiza el día 22 de marzo de 1955 en su recepción a la Academia de la Lengua Mexicana.

José Gorostiza vivió en una época en que se originaron las llamadas vanguardias latinoamericanas, y don José no desconocía sobre las vanguardias europeas de entre la primera y segunda gran guerra. Él es un referente de la historia de la poesía en México muy seguro. Su trabajo poético confirma que pudiendo solidarizarse con las propuestas de la vanguardia entre sus “contemporáneos”, él optó por el silencio; se fue al estudio, a la biblioteca, como lo haría el francés Paul Valery (1871-1945), y después de meditar por lo menos 10 largos años- Don José Gorostiza diría que en “6 meses”-, escribió el poema que podría considerarse sino el más famoso, sí, el más significativo del siglo XX al menos en México: “Muerte sin Fin” (1939). (Significativo en el sentido de ser un poema orgánico, sistemático de algún modo, es decir, que puede andar el poema libre por el mundo y trascender sin necesidad de que los espíritus críticos posteriores la banalicen con su publicidad engorrosa. El poema goza de salud envidiable.)

 

NOTAS SOBRE POESÍA (1955)de José Gorostiza

José Gorostiza
José Gorostiza

Prólogo

l. “El poeta tiene ideas acerca de la poesía en las que manifiesta la relación que existe entre él, como inteligencia, y la misteriosa substancia que elabora. Estas ideas hasta donde he podido observar son tan precisas, cada una en su aislamiento, como las que se forma el artesano sobre la calidad de sus materiales o la eficacia de sus herramientas; pero, faltas de articulación y de método, no sería posible ensartarlas en un cuerpo de doctrina, sino, nada más; ofrecerlas en estado de naturaleza, como impresiones personales que no alcanzan a penetrar en el enigma de la poesía, aunque sí, cuando menos, proporcionan una imagen de la personalidad del poeta.”

COMENTARIO: Esta máxima de que “estas ideas…tan precisas” que debe tener el poeta para elaborar un discurso poético (o poema)”orgánico, “sistemático”, es decir que sus partes discursivas establezcan entre sí una coordinación ejemplar para el desarrollo y aproximación de la poesía me parece un tanto difícil de llevar a efecto, es sin duda que los métodos de la filosofía desde la antigüedad utilizan este principio para representar la explicación de realidad humana (o posible verdad) de los fenómenos que lo rodean. La práctica de la filosofía nace en el pueblo griego de alguna forma utilizada como una solución al humano destino predeterminado que la religión o los dioses les señalaban. La poesía épica como la que escribió el poeta Homero entre los griegos es anterior a los métodos de la filosofía.

En la crónica de la Ilíada y la Odisea de Homero hay “poesía”, y ésta como una lucha y liberación del hombre ante el rigor de sus dioses que les importunaban. así se podría colegir que hay dos métodos que el escritor tiene, en este caso, para enfrentar “la materia misteriosa” de la poesía; aquella intelectualizada previamente o esta última que, utilizando la herramienta del lenguaje que la naturaleza otorga irá, como excavando dentro de una caverna, a veces sin saber lo que le espera más adelante, tratando de encontrar un rubí, el oro o la poesía. Imaginar las ideas previas ante un problema poco conocido, pueden no ser muy precisas como generalmente se piensa. Suele uno olvidarlas ante la inesperada espectación venidera.

2. “El poeta no puede, sin ceder su puesto al filósofo,aplicar todo el rigor del pensamiento al análisis de la poesía. Él simplemente la conoce y la ama. Sabe en dónde está y de dónde se ha ausentado. En un como andar a ciegas, la persigue. La reconoce en cada una de sus fugaces apariciones y la captura por fin, a veces, en una red de palabras luminosas, exactas, palpitantes.”

COMENTARIO: El filósofo y el poeta son dos trabajadores del conocimiento, aquél tiene la escuela de la lógica que lo acompaña, y éste, el poeta, casi siempre creará su propia lógica poética en cada búsqueda de su lenguaje; el guerrero y el blandir de su espada.

3. “La poesía no es diferente, en esencia, a un juego de “a escondidas” en que el poeta la descubre y la denuncia, y entre ella y él, como en amor, todo lo que existe es la alegría de este juego.”

Comentario: Cuando se intenta buscar la poesía en la mayor de las veces no la encontramos; es ella quien nos encuentra, si al menos sabemos por dónde anda ella y tenemos a la mano una herramienta utilitaria para atraparla. (Ver: esa…la inesperada virtud de nuestro lenguaje).

Substancia poética

4. “Me gusta pensar en la poesía no como en un suceso que ocurre dentro del hombre y es inherente a él, a su naturaleza humana, sino más bien como en algo que tuviese una existencia propia en el mundo exterior. De este modo la contemplo a mis anchas fuera de mí, como se mira el mejor cielo desde la falsa pero admirable hipótesis de que la tierra está suspendida en él, en medio de la alta noche. La verdad, para los ojos, está en el universo que gira enrrededor. Para el poeta, la poesía existe por su sola virtud y está ahí, en todas partes, al alcance de todas las miradas que la quieran ver.”

COMENTARIO: El poeta muchas veces ante la confusa expresión de la naturaleza, tendrá a bién crearse un modelo propio (método personal) para intentar de alguna forma, apreciar el entorno que la rodea.

5. “Imagino así una substancia poética, semejante a la luz en el comportamiento, que revela matices sorprendentes en todo cuanto baña. La poesía no es esencial al sonido, al color o la forma, así como la luz no lo es a los objetos que ilumina; sin embargo, cuando incide en una obra de arte — en el cuadro o la escultura, en la música o el poema — en seguida se advierte su presencia por la nitidez y como sobrenatural transparencia que les infunde.

Hay recias obras del arte de los hombres en las que la poesía no intervino. El Partenón en su majestad empequeñece y abate. La arquitectura está sola en él, grandiosa y escueta. El Taj- Mahal, en cambio, aparece frente a los espejos de agua en que se mira como anegado por una inconfundible inspiración poética.”

COMENTARIO: Poesía y belleza van de la mano y se entre-cruzan por la caricia que el arte ofrece a la poesía cuando ésta figura un espejo ante su presencia. El arte sería el sagaz intento de asir a la poesía, como la poesía el evitar manifestarse, materialmente, en la contemplación de la obra de arte.

6. “La substancia poética, según esta mi fantasía, que derivo tal vez de nociones teológicas aprendidas en la temprana juventud, seria omnipresente, y podría encontrarse en cualquier rincón del tiempo y del espacio, porque se halla más bien oculta que manifiesta en el objeto que habita. La reconocemos por la emoción singular que su descubrimiento produce y que señala, como en el encuentro de Orestes y Electra, la conjunción de poeta y poesía.”

COMENTARIO: La “anagnórisis” o reconocimiento también ocurre en la búsqueda de lo poético y en la poesía, se aplicó como un recurso narrativo en la tragedia griega, que a partir de ella la trama de la obra cambia porque la “anagnórisis” o reconocimiento ofrecen la revelación de algo oculto, muy semejante a los poemas en que se nos revela, después de leídos y escuchados un conocimiento importante que percibíamos se encontraba ahí.

DEFINICIONES

“…Desearía saber, si alguien pudiere explicármelo, por qué, pero lo ignoro; y en mi ignorancia me digo -¡suprema evasión la de las uvas verdes!- que el interés del poeta no está en el porqué, sino en el cómo se consuma el paso de la poesía a la palabra, ya que ésta, prisionera de la denotaciones que el uso general le acuña, no parece poder facilitar el medio más apto para una operación tan delicada.”

COMENTARIO: Pareciera que “la poesía” no se pudiera explicar nunca a través de nuestros tradicionales formas de razonamiento lógico, pero lo que sí podemos es “intuir” la poesía apenas como un cambio en nuestro registro mental cuando al utilizar el lenguaje de alguna manera, el lenguaje se comporta “no” como un instrumento de la comunicación entre nosotros mismos simplemente, sino como herramienta accesoria que indaga el preciso momento del origen del lenguaje humano, y éste lenguaje inédito, además, nos va dirigiendo más allá de nuestra propia voluntad.

“…Un buen amigo me preguntó ¿qué es la poesía? Quedé perplejo. No sé lo que la poesía es. Nunca lo supe y acaso nunca lo sabré. Leí en un tiempo mucho de lo que se ha dicho de ella, de Platón a Valéry, pero me temo que lo he olvidado todo. Esto no obstante, contesté que la poesía, para mí, es una investigación de ciertas esencias –el amor, la vida, la muerte, Dios- que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de él dentro de esas esencias.”

COMENTARIO: Cuando se buscan las definiciones históricas sobre la poesía, más que aclaraciones al respecto, se encuentran más y más divagaciones acerca del tema; cuando el francés Paul Valéry (1875-1945) habla sobre poesía parece que escuchamos a un filósofo en búsqueda de acortarle el paso a la poesía, y ésta siempre lo evade. Pareciera que no alcanza el lenguaje para poder siquiera intentar limitar su entorno. Es posible que el hombre de la antigüedad que aún no podía comunicarse con los otros hombres mediante la expresión de una lengua, estaba él más cerca de “la poesía” que le otorgaba una naturaleza que le hablaba desde la contemplación, desde su silencio impasible.

“…Frente a semejantes conceptos, tan vagos que nada encierran de substantivo como no sea frustración y desaliento -¡así es de inasible la materia que se quiere capturar!- me sentiría inclinado a corregirme ahora, diciendo que la poesía es una especulación, un juego de espejos, en el que las palabras, puestas unas frente a otras, se reflejan unas en otras hasta lo infinito y se recomponen en un mundo de puras imágenes donde el poeta se adueña de los poderes escondidos del hombre y establece contacto con aquel o aquello que está más allá. Mas, como ya lo habréis advertido, esta segunda definición es, aunque en otros términos, la misma que la primera. Tampoco ésta se sostiene en pie ni podría, en su dolorosa invalidez, servir a ningún propósito sensato.”

COMENTARIO: La similitud de la poesía con la naturaleza ofrece alguna lección: en la historia de la humanidad hemos creado una larga teoría sobre el comportamiento de la naturaleza; intentamos a través de la diferenciación de sus fenómenos, argumentos que nos explican el funcionamiento del mundo en que vivimos. Pero más que conocerla (compren-der-la), los hombres nos hemos servido de ella, porque es más fácil disfrutar el fruto que averiguar la semilla.(El ¿por qué? de la semilla)

Antes disfrutábamos sin pensar los atributos de la naturaleza, ahora que los pensamos sufrimos por no encontrar alguna respuesta razonable.

…El viaje inmóvil

“Decía Lao-Tsé: “Sin traspasar uno sus puertas, se puede conocer el mundo todo; sin mirar afuera de la ventana, se puede ver el camino del cielo. Mientras más se viaja, puede saberse menos. Pues sucede que, sin moverte, conocerás; sin mirar, verás; sin hacer, crearás.” He aquí descrita, en unas cuantas prudentes palabras, la fuerza del espíritu humano que, inmóvil, crucificado a su profundo aislamiento, puede amasar tesoros de sabiduría y trazarse caminos de salvación. Uno de estos caminos es la poesía. Gracias a ella, podemos crear sin hacer; permanecer en casa y, sin embargo, viajar.”

COMENTARIO: José Gorostiza nos ofrece en este párrafo una solución no occidental ante nuestras limitaciones racionales de occidente- en búsqueda de asir “la poesía” de alguna forma. No dudamos que José Gorostiza hubiese emprendido la lectura de “Cathay” (1915), poemas del poeta chino Li-Po (701-762) traducidos por Ezra Pound (de Rihaku de las notas de Ernest Fenollosa).

Ernest Fenollosa (1853-1908) redescubrió el arte japonés tradicional y también de la escritura del chino mandarín clásico, cuando Japón deseaba occidentalizarse minimizando su cultura nativa. José Juan Tablada (1871-1945), habría de completar esta curiosidad por la poética del oriente hasta influir marcadamente en México e Hispanoamérica hasta finales del siglo XX.

Paréntesis

“En mis días he oído hablar a menudo sobre cierta pretendida impopularidad de la poesía. Tal impopularidad suele atribuirse a diversas causas y, sobretodo, a una especie de enrarecimiento de la composición moderna, que la haría difícil de entender a personas desprovistas de fortuna literaria. Dudo si la poesía fue popular en otros tiempos, cuando el aeda cantaba las hazañas de los héroes en el banquete y Ulises se conmovía hasta las lágrimas oyendo relatar sus propios infortunios. La gente que se reunía en torno a la mesa –casi siempre la bien surtida mesa de la casa real- era sin lugar a duda gente de abolengo, que debió tener una responsabilidad principal en el culto de la poesía, puesto que ésta era, a un tiempo mismo, compendio de las tradiciones históricas y religiosas del pueblo y almáciga de todo humano saber.

En nuestro idioma, desde los días en que, fruto de una intensa búsqueda en los papeles de la antigüedad clásica, el “mester de clerecía” se cuela en el arte poético, la poesía se convierte en cosa de adiestramiento. El poeta nace, es verdad, pero una vez nacido, se hace. De una manera, la poesía, como por lo demás todas las disciplinas artísticas o científicas de nuestro tiempo, para a ser objeto de los afanes de una minoría que la crea o que, simplemente, posee preparación para disfrutar de sus placeres.

Nada de anormal encontramos en esto; pero en el caso especial de la poesía sucede que su vehículo, el lenguaje, es también el instrumento corriente de comunicación entre los hombres, y mientras cualquier persona sensata estaría dispuesta a reconocer que no pinta, le sería difícil admitir o siquiera pensar (si puede hacerlo) que no habla. Hay quienes, dueños de una cultura general respetable, que dicen gustar del último Strawinsky o preferir al primer Dalí o, aún mejor, que confiesan no interesarse en entenderlos, cuando se les coloca frente a una obra maestra de la poesía –si no la entienden- sienten su propia deficiencia como un insulto personal del autor. ¡Superchería! ¿Cómo se puede engañarlos, a ellos, con palabras?”

COMENTARIO: Había en la antigüedad clásica la figura y personalidad del “poeta” que narraba “las hazañas de los héroes” en el banquete de los aristócratas, los había también poetas en la plaza para el pueblo y no fueron inferiores en narrar los acontecimientos de aquéllos humildes soldados del pueblo en las guerras mediterráneas, que gracias a su valor de éstos últimos fueron alabados por los poetas ante el público y sus familiares. Estos “poetas” públicos tenían entre otras funciones explicar y atenuar la tristeza de los padres, contaban y cantaban la manera en que murieron o sobrevivieron sus hijos en la guerra, se les otorgaba también, la “fama” de que eran merecedores por su comportamiento en la batalla. Esta “fama” tan ansiada entre los griegos como deseaba febrilmente por el autor del Quijote hasta el siglo XVI.

Claro es que la poesía a sufrido modificaciones, pero antes de cambiar su entorno, las modificaciones la enriquecen, así cruzamos la edad media enseñando en los monasterios la retórica clásica con el fin de emular la brillantez de la poesía antigua escrita por los grandes poetas, y, acaso un logro significativo fue “La Divina Comedia” de Dante Alighieri (1265- 1321), hasta llegar al siglo XIX convertida la “poesía” como cualquier “disciplina artística o científica”, dispuesta a buscar algún nuevo ideal dónde hacerse frutífera. Los estudios sobre la poesía a finales del siglo XIX, y principios del siglo XX, indican que la poesía y filosofía emprendieron los mismos objetivos, aunque con distintos procedimientos. Las mejores inteligencias se reparten entre ellas.

Muerte sin fin

Poesía-Canto

Si la poesía no fuese un arte sui generis y hubiese necesidad de establecer su parentesco respecto de otras disciplinas, yo me atrevería a decir aún (en estos tiempos) que la poesía es música y, de un modo más preciso, canto. En esto no me aparto de un ápice de la noción corriente. La historia muestra a la poesía hermana en su cuna al arte del cantor; y más tarde, cuando ya puede andar por su propio pie, sin el sostén directo de la música, esto se debe a que el poeta, a fuerzas de trabajar el idioma, lo ha adaptado ya a la condición musical de la poesía, sometiéndolo a medida, acentuación, periodicidad, correspondencias.

Los poetas de mi grupo –el “grupo sin grupo” que dijera Xavier Villaurrutia- nos complacíamos en reconocernos individualmente distintos cada uno de los demás y, en conjunto, algo así como extraños a la generación que nos había precedido. Las cosas no andaban precisamente así. Hacia 1920-25 el Modernismo, y en primer término la voz estentórea de Darío, llenaba aún el ambiente de poderosas resonancias y, en verdad, fueren cuales hubiesen sido nuestros modelos más cercanos –Nervo, González Martínez o López Velarde- el grupo había nacido para la poesía bajo el signo gigante del Modernismo. Y éste ¿qué fue, en su idolatría de la forma, sino una verdadera orgía de musicalidad?

Un movimiento de reacción, en el sentido opuesto, se inicia entonces. Mi generación marcó, como actitud de principio, un cierto desdén hacia los recursos de la prosodia, que estimaba sacrílegos; pero no fue ella, imbuida como estaba en el gusto de las bellas formas, quien pudo llevar aquel desdén demasiado lejos. En donde mejor se advierte esta reacción es en la poesía actual, aunque no tanto aquí en México como en otras provincias del idioma, ya que el modo en que se trasegó la poesía española al vaso indígena, en pleno siglo XVI, parece haber imprimido para siempre en nuestra literatura el sello inconfundible de la herencia clásica.

Estamos por consiguiente –y éste es el hecho que deseo subrayar- frente a una postura contemporánea que desea, si no librarse de la musicalidad, sí apagarla, resiste a servirla. La poesía de los jóvenes no quiere que la música se apodere de ella y la esclavice; huye de lo declamatorio y lo operático y se refugia en una especie de balbuceo vagamente rítmico, en el que se introduce, aquí y allá, un endecasílabo perfecto o una rima involuntaria. Tal parece como si en el esplendor de las formas cristalizadas, el poeta se sintiera rodeado de una fragancia excesiva que le impidiese respirar a pleno pulmón. De este modo se llega a ver como pura superfluidad todo cuento la poesía elaboró en el idioma para poder realizarse.

Sabemos cuánta sinceridad y cuánta honradez se encierran en esta actitud que nos ofrece una poesía despojada de afeites innecesarios, pero no sólo esto, sino que apenas dotada de un tímido hilillo de voz. La poesía saldrá seguramente rejuvenecida de esta experiencia. Conviene recordar, sin embargo, que nada existe semejante a una libertad irrestricta. Todo está sujeto a medida, y la libertad puede no consistir en otra cosa que en el sentimiento de la propia posesión dentro de un orden establecido. Las reglas del ajedrez no oprimen al jugador, le trazan una zona de libertad en donde su ingenio se puede desenvolver hasta el infinito.

La afinidad entre poesía y canto es una afinidad congénita. En un momento dado podrá relajarse o en otro hacerse más íntima, pero habrá de durar para siempre, porque no radica en el lenguaje –en el austero arsenal de la retórica, que caduca y se renueva sin cesar- sino en la voz humana misma, que el hombre presta a la poesía para que, al ser hablada, se realice en la totalidad de su perfección.

La diferencia entre prosa y poesía consiste en que, mientras una no pide al lector sino que preste sus ojos, la otra necesita de toda necesidad que le entregue la voz. Cada poeta tiene un estilo personal (a veces indicador de su postura estética) para “decir” sus poesías. Éste las canta, aquél las reza, otro las musita, uno más las solloza. Nadie se confina solamente a leer. Encomendad a quien queráis que diga un poema. En el acto impostará la voz a la tesitura del canto y a continuación el verso saldrá vibrando de su garganta, con un temblor de vida que sólo la voz le puede infundir; porque ocurre –mis amigos queridos- que así como Venus nace de la espuma, la poesía nace de la voz.”

COMENTARIO: Es un hecho que mientras más se trabaje el idioma por parte del escritor, nuestras frases, versos, prosas, obtendrán la musicalidad esperada porque pareciera que ello nos lleva a un fin la idea del arte: su perfeccionamiento. Recuérdese que el simbolismo francés exclamaba: “la musique avant toute chose…” la música ante todo, Paul Verlaine (1844-1896).

Algunas opiniones de autores del siglo XX consideran recomendar lo contrario a la musicalidad y canto; establecen metodologías distintas de “cómo escribir los versos”, intentando un objetivo diferente a los versos músicos; recomiendan versos de “arte menor”, para ser leídos en voz baja, como conversando con el público oyente, muchas veces versos ambiguos, difusos, prosaicos… (Ver ejemplos en Las Vanguardias Literarias en Hispano-américa. Hugo Verani, entre otras recopilaciones)

En el caso del poema Muerte sin fin, el propio José Gorostiza, contrariamente y viviendo en el influjo de la vanguardia, emplea en “Muerte sin fin” versos a modo de silva: heptasílabos y endecasílabos, sin rima “a la antigua manera”, una musicalidad tenue, no “estentórea” (retumbante) como la de Rubén Darío, música de cámara, no de orquesta que va de la mano con la temática grave que José Gorostiza emplea en lo que llamaríamos un poema “en busca del conocimiento”, semejante a Primero sueño de Sor Juana (1651?-1695), o el poema de las “Soledades” de Don Luis de Góngora (1561-1627).

El literato Juan Rulfo que fue su amigo opinaba que la voz de Gorostiza en el poema de “Muerte sin fin” estaba siempre en “sordina”.

Don José entiende que la poesía indígena (prehispánica en lengua nahuatl o “lengua mexicana”) fue cubierta y simulada literariamente desde el siglo XVI:

“ya que el modo en que se trasegó la poesía española al vaso indígena, en pleno siglo XVI” por los clérigos de oficio, importunando de manera proverbial el estudio histórico y verdadero de la poesía “mexicana” hasta finales del siglo XIX, y que durante el siglo XX, aún continúan propagando análisis filosóficos-literarios de poemas disfrazados en la actualidad, por la métricas y modelos de la tradición petrarquista- del italiano Francesco Petrarca (1304 – 1374)- desde aquel momento de la conquista.

Para José Gorostiza la tradición de la poesía de herencia española y consideración “clásica”(de origen griego) en México es de gran importancia debido a su desarrollo natural desde la conquista. De la misma opinión fue el erudito y escritor Alfonso Reyes (1889-1959).

José Gorostiza, evita de alguna manera, en este escrito, el oponer la tradición clásica de la poesía mexicana con la otra tradición romántica en México que para Octavio Paz, un año después, será importante para el debate sobre la historia de la poesía mexicana (Ver El Arco y la Lira, O. Paz, 1956.)

El desarrollo poético

“En años no remotos, estimulados por la lectura de Valéry, me preocupaba –como a él- descubrir las leyes que gobiernan el crecimiento y la terminación de un poema, a partir de su simiente. El poema, así se trate nada más que de un soneto, ni nada menos, viene a ser como la unidad de medida de la poesía. La dificultad no está en saber cómo empieza el poema. Todo poeta tiene siempre a la mano su primera línea, pero ¿cómo se desarrolla? ¿cómo acaba? He aquí el caso. Hay indudablemente una variedad de procedimientos que no es fácil reconocer, pero dos o tres de ellos –los más comunes- saltan desde luego a la vista.

En el primero, que se podría llamar desarrollo plástico, el poema crece como un cuadro en el sentido de la superficie que ha de llenar.

Tiene un plano anterior, luminoso e incisivo, y tiene un fondo de escalonadas perspectivas en donde se esfuman los motivos accesorios. El desarrollo plástico resulta limitado en cuando a que el poema debe confinarse al espacio que el autor le concede; y es finito, porque ahí, dentro de ese espacio, el poema se agota y acaba, de suerte que el autor mismo podría retocarlo, si quisiera, pero nunca proseguirlo.

Dotado de un sistema de vida anterior, estático, el poema queda frente a nosotros, como el cuadro, abierto a nuestra capacidad de contemplación. El poema suele tener también un desarrollo dinámico. Puesto en marcha, avanza o asciende en un continuo progreso, estalla en un clímax y se precipita rápidamente hacia su terminación.

El poeta ha de medir de antemano la parábola que corresponde a la potencia del proyectil; pero en este método, las posibilidades de crecimiento resultan inagotables y el poema puede prolongarse indefinidamente, ya sea por acumulación o porque se establece un círculo vicioso, como en los cuentos de nunca acabar. Es el poeta quien, con su sentido de las proporciones, le pone un hasta aquí.

Tenemos, por último, un poema en que no se nota el crecimiento. De la primera a la última línea crece y va tomando cuerpo insensiblemente como en el desarrollo de un ser vivo, de un fruto o de una flor, hasta que alcanza sin esfuerzo, naturalmente, el tamaño, la estatura, la proporción que le dicta su propio aliento vital. El madrigal de Cetina debió producirse de este modo. No podía haber sido ni más sucinto ni más explícito y hubo de quedarse así, dentro de ese cuerpecito de poema niño, rebosante de su preciosa niñez.”

COMENTARIO: Sobre el “Desarrollo Poético” que señala José Gorostiza, no es otra que la alusión de cómo se escribe un soneto (sus reglas, desarrollos, efectos y defectos, experimentaciones y teorías…etc.)

Del soneto tenemos la historia de sus creaciones en lengua española de más de 500 años; se podría considerar los antecedentes del soneto desde la época de los césares en la historia romana y aún años atrás- el verso como la medida mínima, significativa y armónica de la lengua humana-.

José Gorostiza explica desde el punto de vista del soneto como la unidad de medida poética, algo así como lo es el metro en los sistemas de medida internacionales. Esta medida como posibilidades poéticas del poema: un soneto es un poema de 14 versos medidos con rima o no y con una forma preestablecida en la que se encuentra – sí es que el poeta lo decide y logra verlo así- las infinitas combinaciones de su forma, asegurando sus armónicas proporciones.

Más allá, en la plasticidad de crear un poema con un soneto o con varios de ellos. Estos sonetos se disgregan luego, y como un río dan entrada a la forma de una “Silva”: (poema escrito con versos endecasílabos y heptasílabos) manteniendo sus proporciones que asigna la tradición, y que el poeta adecúa a su manera. (“Muerte sin Fin”, el poema de José Gorostiza es en general una “silva”)

El “madrigal” de Gutierre de Cetina – de influencia artrarquista – del que habla Gorostiza se considera uno de los más perfectos manteniendo su armonía y proporciones con respecto a la unidad como las del soneto en su mínimo y ejemplar valor. Salvador Díaz Mirón, un gran sonetista, quíso emular a Cetina en el poema “Ojos Verdes”.

Gutierre de Cetina

(Sevilla 1520- México 1557)

Ojos dulces:

Ojos claros, serenos,

si de un dulce mirar sois alabados,

¿por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos,

más bellos parecéis a aquel que os mira,

no me miréis con ira,

porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay tormentos rabiosos!

Ojos claros, serenos,

ya que así me miráis, miradme al menos.

“La construcción en poesía”

“En su Defensa de la Poesía observa Shelley que “las partes de una composición pueden ser poéticas sin que la composición, como un todo, sea un poema”. Nada más cierto ni, cuando así pasa, menos afortunado, pues ¿qué se diría de una casa en la que cada una de las habitaciones fuese admirable, pero todas juntas no pudieran integrar la unidad en que consiste justamente una casa? No es cuestión ésta que suscite ninguna duda: si un poema se os muestra en la condición que señala el poeta inglés, estáis frente a una obra fallida; y el error no debe atribuirse a otra causa que a negligencia de lo que el poema significa como unidad arquitectónica. La poesía y la arquitectura, al igual que la poesía y el canto, se amamantaron en los mismos pechos.

En la actualidad, el poeta no suele proponerse problemas de construcción. De vez en cuando –cada día menos- utiliza ciertos elementos del arte poética tradicional y levanta con ellos, cuarteta sobre cuarteta o lira sobre lira, como con dados, un somero edificio que se sostiene, si la unidad interior es profunda, gracias a ella y no a la solidez de los materiales empleados. El soneto proporciona ocasión de construir de veras, conforme a un modelo feliz. El caso de la construcción en grande, como en los vastos poemas de otros tiempos, no se plantea ya. Quiero decir, no puedo callar, que lo siento como una enorme pérdida para la poesía.

Estamos bajo el imperio de la lírica. La poesía ha abandonado una gran parte del territorio que dominó en otros tiempos como el suyo. El diálogo, la descripción, el relato, así como otras muchas maneras de poesía, que con tan notoria eficacia se combinaron en libros como –por ejemplo- el del Buen Amor del Arcipreste de Hita, se han ido a engrosar los recursos del teatro y de la novela.

Dentro de la lírica, cuando menos como la concebimos en la actualidad, parece que la única causa capaz de desatar un poema es el dato autobiográfico. La conmoción que un acontecimiento produce en el poeta al incidir sobre su vida personal, se traduce, convertida en imágenes, en una emanación o efluvio poético; pero no en un poema, porque esta palabra “poema” implica organización inteligente de la materia poética. Treinta o cuarenta composiciones (en los cuales se puede reconocer siempre el contenido de pura o autentica poesía) suelen formar, unas tras otras, lo que el público llama “un libro de versos”. (¡Qué horrible expresión: “un libro de versos!) Y en el libro podrá haber cierta uniformidad de emoción y de estilo, y de un poema a otro, tales o cuales eslabones que dan la sensación de una continuidad invisible; pero el libro no mostrará, a su vez, la unidad de construcción que nos agrada encontrar en un libro.

La suma de treinta momentos musicales no hará nunca el total de una sinfonía.

La historia marcha cada día hacia el futuro ajena a toda noción de misericordias; no sería nada insensato, así pues, que en lugar de pedir que la poesía sea como fue en el pasado, tratásemos de comprender que puede ser ya tarde para aceptarla como es hoy. Tampoco sería absurdo pensar, en este amanecer de la edad atómica, en un mundo sin poesía, un mundo habitado únicamente por “expertos”, de donde la poesía fuese desterrada como una escandalosa manifestación del pensamiento primitivo del hombre. Mas, mientras tanto, ¿sería mucho exigir que las partes de una composición sean todas poéticas y que la composición, en su conjunto, resulte un poema?”

COMENTARIO: No puedo estar más de acuerdo con lo dicho arriba por José Gorostiza- y no hay quién pueda decir lo contrario, siquiera algún premio nobel de literatura del siglo XX podría disentir de este punto sin ser cuestionado por cualquiera que conozca los grandes recursos de la tradición poética. (Se pueden leer los ensayos sobre poesía de algunos de ellos y generalmente piensan lo mismo)

“El poeta no suele proponerse problemas de construcción…tradicional y levanta con ellos, cuarteta sobre cuarteta o lira sobre lira, como con “dados”, un somero edificio que se sostiene…” dice Gorostiza. Y no es descabellado creer que se refiere esto último a un poema demasiado libre de interpretaciones escrito por el francés Estéphane Mallarmé (1842-1898): “Una tirada de dados jamás abolirá el azar” (Un coup de dés jamais n’abolira le hasard, Francia, 1897, su último poema experimental, poema posiblemente iniciador de la vanguardia europea).

Habrá alguno que exponiendo una teoría “fuera de la comprensión”, sustentada sin el rigor del verso y el poema, diga que se puede llegar a escribir el gran poema en México o latino-américa o en Europa sin la idea de una construcción pensada y edificada de “buenos versos”, versos músicos, poesía que cante.

– A varios escritores que conocí y platiqué, mexicanos y extranjeros… y he de informar que lamentablemente, “se dieron cuenta muy tarde”, según sus propias palabras. No hace falta decir nombres.

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APUNTES SOBRE LA VANGUARDIA EN MÉXICO. La columna de Juan Cú

En LUZ DESDE EL INFRAMUNDO. Revista electrónica de Poesía, presentamos laJuan Cú nueva entrega de “El último Infra.” La columna de Juan Cú. Apuntes sobre la vanguardia en México.

Análisis crítico y mordaz con enfoque lúcido. Imperdible.

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Cito ahora algunos textos difíciles para hablar de “vanguardias”: Las Visiones de San Juan del Nuevo Testamento, algunos textos herméticos de la Roma del siglo I, el Primero Sueño, de Sor Juana (1649?- 1695), un poema de Rubén Darío (Nicaragua 1867-1916) a Amado Nervo (México, 1870-1919), que le dedicó, y empieza: “La tortuga de oro”…, también Una tirada de dados jamás derogará el azar de Stéphane Mallarmé (FranciaHistoria de las literaturas de vanguardia 1842-1898), también el intraducible Abanico de Madame Mallarmé que, Alfonso Reyes (México, 1889-1959), intentó tres veces traducirlo, y creo no se sintió satisfecho de lograrlo, Nadja ¿novela?, de André Bretón (1896-1966), a James Joyce (Irlanda, 1882- 1941), con su Finnegans Wake (aunque digan que no es un poema), Trilce, de César Vallejo (Perú 1892-1938), Las Jitanjáforas, como las definió Alfonso Reyes, de Mariano Brull (Cuba, 1891-1956), el “Capítulo 68”, de Rayuela, del Sr. Julio Cortázar (1914- 1984); Blanco, de Octavio Paz (México, 1914-1998), sin mencionar algunas rarezas de juegos verbales (culteranismo) y conceptuales (conceptismo) del barroco, y algunos poco conocidos e indescifrables en la gruesa Antología o cancionero de Bartolomé J. Gallardo (1776-1852), que revisó escrupulosamente el Sr. Don Antonio Alatorre (México, 1922-2010), encontrando un poema perdido de Sor Juana, interpretado por él.

UNA REVISIÓN AL PASADO

Hablar de antologías es hablar de algún modo de literatura. Se puede considerar a El Cancionero Flores de Varia Poesía como la primera antología escrita en México, en 1577; el Sr. Francisco de Icaza (México, 1863-1925) propone otra fecha.

Pensemos en los cambios en lenguaje en la historia de la poesía desde el siglo de Oro Español (siglo XVI), hasta las vanguardias europeas y movimientos poéticos latinoamericanos de los años veinte y los cincuenta del siglo XX; luego giremos la cabeza al pasado, ¿qué obtenemos?

El pensamiento poético propuso, para la escritura artística, todo lo que ganamos en el arte desde la influencia griega de la Ilíada, de Homero, hasta Don Luis de Góngora (España, 1561-1627): mantuvimos vivo el arte poético de calidad, y aquí, con Góngora, se le llamó Siglo de Oro, que quiere decir: lo más relevante que al idioma Español le pudo acontecer en el siglo XVI-XVII. Del siglo XVIII hay poco que decir sobre el ¿avance? del lenguaje artístico; y no hay siglo de plata o bronce posterior. Lo que pudo haber sucedido en el siglo XVIII es que ya no había que superar nada de los talentos del siglo XVI y XVII que conformaron una cúspide demasiado alta para los espíritus del siglo posterior en lengua hispana (a lo mejor no había individuos de la talla de aquellos). Los europeos no quieren hablar del tema (véase los prólogos y largas introducciones a las antologías de poesía del siglo posterior o siglo XIX, entre ellos los de Don Marcelino Menéndez y Pelayo (España, 1856-1912).

Las vanguardias literarias en hispanoaméricaHasta aquí, alguien pudiera preguntar ¿por qué no se le ocurrió a una persona ofrecer el porqué del abandono literario en Europa? Respuesta: muchos lo hicieron, los más importantes fueron José María Blanco Crespo Blanco White (España, 1775-1841), Letters from Spain, Londres, 1822, y Autobiografía, edición de Antonio Garnica, Sevilla, Universidad, [1975], (Colección de Bolsillo) y, sobre todo, Don Ramón Menéndez y Pelayo (España, 1856-1912), que escribió una gran revisión de los asuntos poéticos, artísticos y científicos de su siglo. (Ver Polémicas, indicaciones y proyectos sobre la ciencia española (Madrid, 1876), y Estudios poéticos (Madrid, 1878), La ciencia española, 2™ edición, refundida y aumentada (Madrid, 1887-1880), la Antología de poetas líricos castellanos desde la formación del idioma hasta nuestros días (1890-1908), la Antología de poetas hispano-americanos (1893-1895) y la Historia de la poesía hispano-americana (Madrid, 1911).

Por supuesto, Don Marcelino se cuidó, en sus Antologías de poesía española e hispano-americana, de no criticar severamente a los poetas vivos (a los poetas hispano-americanos contemporáneos suyos; los menciona pero no publicó sus nombres), asunto personal, a decir suyo, pero no pasó nada relevante en el siglo XVII y parte del XIX. (Cabe decir que el erudito más preclaro en México sobre cosas españolas durante el siglo XVI y parte del XVII, “de aquí en México y, en allende el mar” fue Don Antonio Alatorre Chávez (1922-2010), director eterno del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México. Le incomodaba y molestaba toda información venida de alumnos y personas ajenas a la institución que se relacionaran con citar a Don Marcelino Menéndez y Pelayo.-entre los lobos te veas-. Ver “un caso agudo de menendez-pelayitis”, en Ensayos sobre crítica literaria, Centro Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), México, 1994.

Fue hasta el siglo XIX que a un muchacho latino-americano de un pueblo pequeño de Nicaragua, llamado Rubén Darío (Nicaragua 1867-1916), se le ocurrió hacer una revisión del estado de la poesía en lengua española (acto y estudio revisionista) que integra la famosa colección de Autores Españoles (1857), que publicó el Sr. Manuel Rivadeneyra (1805-1872), de lo poco que llegaba y lo mejor que había de libros en su tierra (En México hasta los años 90 del siglo XX en las bibliotecas públicas y universitarias abundan solo una docena de ejemplares dispersos de la colección original. Si existe la colección completa, estaría bajo reserva y guardada bajo llave, como se acostumbra en México).

No fue solamente Rubén Darío un crítico de la poesía; (que lo fue y muy agudo, estudió la fonología- estudio de los sonidos vocálicos y consonánticos de la lengua-), fue quien fundó, de alguna manera, los estudios lingüísticos en español; ensayó todas las métricas del pasado hispano e intentó el hexámetro griego, sí, el de la Ilíada, de Homero, y ajustó la métrica española. Propuso poemas con la misma calidad artística de los autores del siglo de oro, pero con los aires de su tiempo, el siglo XIX, una poética “modernista”, no “vanguardista”, que agradó a los europeos que aún no despertaban del somnífero siglo XVIII (también hubo envidias y odios para R. Darío y su propuesta).

A finales del siglo XIX, un error de percepción, creo yo, por parte de los escritores que cruzaban el nuevo siglo XX, que en su afán de ver los cambios vertiginosos y de insistir anclarse en la nueva modernidad, (llámese esta vanguardia europea, algo distinta de las vanguardias latinoamericanas), los obligó a un camino áspero, dramático y desértico.

A grosso modo, un poeta puede exprimir el arte si este contiene más de 2500 años de antigüedad. Hay mucho que buscar y encontrar. El arte de la humanidad, cuando existe, es de sobra arte aquí, y en todas partes pero, al negar el arte anterior, los propios vanguardistas de finales y principios del siglo XX (1930) negaron este arte que podría llamarse “tradición”, herencia, historia de las formas poéticas y conceptuales, etc. Con esta negación del arte, a estos escritores les quedaría solamente el “lenguaje puro”.

La definición de “lenguaje puro” ha sido tema muy platicado en las tertulias del pasado. Eso de quitarle a la poesía lo que no es de ella, lo que no le pertenece y de ahí intentar la escritura de la inefable “poesía” es muy difícil examen para los aventureros del siglo XX, sin agua, sin alimentos para cruzar el desierto poético.

Paul Valery (1871-1945) prefirió irse a su casa y meditarlo aproximadamente 10 años, (ver sus monumentales Cahiers, cuadernos de escritos privados). El resto de los vanguardistas, ya lo sabemos, empuñaron la pluma y escribieron incesantemente; otros, se dieron a experimentar el fenómeno del lenguaje, los menos.

Oliverio Girondo (Argentina, 1891-1967), antes de morir en la cama, preguntaba a sus amigos sobre la valía de sus poemas.

La duda del arte que siempre nos aventaja la edad; Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986) se alejó rápidamente del ultraísmo que había fundado en España cuando joven. Guillermo de Torre, cuñado de Borges (Madrid, 1900- 1971), no pensaba jubiloso sobre las vanguardias del siglo XX, treinta y tantos años después, a pesar de que fue el cronista oficial de ellas (Literaturas europeas de vanguardia, Madrid: Caro Raggio, 1925 reeditado y ampliado en 1965, 1 tomo pág. 946, España. En México, si hay suerte, en tres tomos).

Antes, Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948) se la pasó refutando toda su vida la teoría del “Creacionismo”, de Pierre Reverdy. José Gorostiza, (México, 1901-1973) inserto en la época de las vanguardias, calló: catorce años de silencio después de su libro: Canciones para cantar en las barcas (1925), para decidirse a escribir a la hispánica manera, no vanguardista, una silva en general que es su tesis-poema, Muerte sin Fin (1939).

Octavio Paz (México, 1914-1998) siempre negó pertenecer al surrealismo, (aunque hijo de la vanguardia, como él dice, su poema Blanco pretende acomodarse a Una tirada de dados jamás derogar el azar, de Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898). Decía Octavio Paz de André Breton: “fue un hombre obcecado y castigaba con la expulsión a quienes desviaban sus principios surrealistas del arte”; también Octavio Paz, como su mentor, el Sr. José Gorostiza, volvió a la tradición métrica, al pasado (endecasílabos), de la poesía española con Piedra de Sol en sus tres ediciones con sus tres respectivas tachaduras y enmiendo.

En fin, el siglo pasado transcurrió con mucha teoría y una praxis pocas veces estimulante. Así, regresando a principios del siglo XX, aquellos hombres festejaron la vanguardia aceptando como principio un poema que los fundaba, el poema más curioso de la tradición francesa, un poema libérrimo, padre de muchos poemas que han significado la fundamental obra de poetas importantes 80 años después en América y en Europa. Y se podría apostar que no hay todavía quien supere este poema, ni siquiera quien lo iguale, ¿y esto bajo qué términos y principios?

Este poema, Una tirada de dados, lo escribiría el poeta francés más correcto y refinado, dueño del arte antiguo como pocos. (Es difícil este señalamiento, pues Paul Verlaine podría hacerle alguna sombra. Para estas comparaciones, los críticos son diferentes solamente en el gusto, es decir: la opinión ya no importa, y este, el inusitado sabor del arte que todo ser humano en alguna época de su vida deberá probar y conocer, si acaso le va en suerte, la idea de que las diferencias en literatura son de gusto y por lo tanto la crítica pasa a segundo término).

“Un coup de des jamais n´abolira le hasard”, Una tirada de dados jamás derogará el azar, es un poema de Stéphane Mallarmé de 1897. Cuando revisaba su poema Herodías, pidió a su ayudante y a su hija que destruyeran sus escritos diciendo: “No hay herencia literaria ahí” (A la mañana siguiente, 8 de septiembre de 1898, murió).

Stéphane Mallarmé fue un poeta ejemplar, conocedor de Góngora (algunos críticos europeos lo niegan pero, al revisar sus escritos y cartas inéditos, llegaron a la hipótesis de que sí lo leyó), sonetista correcto, creador de un famoso salón o tertulia (desde 1876), que visitaban los escritores alemanes Stefan George y Rainer Maria Rilke, los franceses Paul Verlaine y Paul Valéry, los novelistas André Gide y Huysmans y el poeta irlandés W. B. Yeats. También el músico Claude Debussy compuso en 1892 una obra sobre su poema La siesta de un fauno, y Maurice Ravel, el compositor del Bolero de Ravel, muy conocido en México, le escribió música a poemas suyos como Trois poëmes (1913).

RESEÑAS.

En LUZ DESDE EL INFRAMUNDO. Revista electrónica de Poesía traemos una nueva entrega en la sección de RESEÑAS. Tercera llamada, iniciamos.

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La palabra desfragmentada.

Abiram Soria Fernández.

México. Aqua Ediciones. Marzo 2015.

Con un volumen de poemas selectos, Abiram Soria Fernández (México, 1981) nos comparte su propioIMG_20150915_221507864 descubrimiento de la poesía como estandarte. El joven se reconoce poeta e intenta esclarecer su voz, busca poetizar sus ideas, en ocasiones consiguiéndolo de manera casi natural, empírica, entusiasta.

A pesar de sus limitaciones estilísticas y con poco más de cien poemas, Abiram recorre múltiples escenarios: familia, amor incipiente, pérdidas y desventuras, muerte, mascotas, temas comunes de un joven asombrado cada día por la vida y su inagotable fuente de inspiración, que afronta y a la que elije describir en metáforas sencillas y provenientes de sentimientos puros.

Nos describe: “Mi alma sujeta en el cepo de tu indiferencia,/ es castigada hasta la muerte./ Muero de a poco,/ pierdo el aire en cada cruce/ de nuestras miradas,/ en cada desvío altivo de la tuya.” Mostrándonos su infame enamoramiento, su fragilidad ante la musa indiferente y orgullosa.

Se desahoga: “Escribiré de tus huesos helados,/ de tu rotonda y de tu estatua,/ del filo incrustado en tu pueblo,/ del ajenjo, del abismo,/ del viento, la soledad,/ y el adiós.” Y finaliza: “Escribiré de tus años de lucha,/ de tus tardes soleadas, de tu risa,/ de tus ojos de vieja cariñosa,/ de tus besos de margarita deshojada./ Hablaré tan sólo de tu vida y tu muerte abuela Paulina.”

Y estalla: “El mundo mató a los poetas;/ los sacó de sus libros a rastras,/ de los cuentos donde vivían y morían./ … /El mundo mató a los poetas./ Construyó esta época de No Poetas./ Donde cualquiera escribe:/ los iletrados escriben,/ los cursis escriben,/ los tontos escriben./ ¡Señores, bajo esta sociedad yo nací/ y también escribo!”

Poemas que se leen como platicados, que podrían bien ser prosas cortas o aforismos, imágenes ralas y concretas, directas, que agilizan la lectura y permiten descifrar con exactitud el mensaje en cada uno. Poca oscuridad podría parecer para algunos, pero ganan en comprensión, sobre todo para un público joven que bien puede identificarse con el autor.

Abiram aprovecha el espacio e intercala, en diferentes momentos de la lectura, textos en prosa con temáticas que esbozan utopías, trazos de imaginarias reflexiones o pasajes que muestran cierta urgencia por expresar la idea que no pudo cuajar del todo en un poema, pero que tuvo la fortaleza suficiente para plasmarse como narración corta, una página o dos nada más.

Con un poco de atrevimiento, me aventuro a decir que es un libro surgido de la espontaneidad juvenil de un chico con la intención de expresar lo que va vivenciando sin tapujos, con la limpieza de una mirada inocente y el ímpetu de quien reconoce que su capacidad de asombro se ve rebasada y requiere exponerla a los demás, sin importar la técnica o la intelectualidad. Un libro escrito y hecho desde y para la juventud.

Abiram nos deja con un sabor de boca dulce y, aunque en medio de la lectura hay momentos en que esa dulzura llega a empalagar, no es algo que impida terminar con la aventura de adentrarnos al mundo que nos presenta. Eso sí, gustos exigentes, favor de abstenerse.

Armando Ortiz Valencia.

Poetas Luz desde el Inframundo. Cynthia Rodríguez Leija

Cynthia Rodríguez Leija

Nació en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Diplomada por la Universidad del Claustro Cinthya Rdz Leijade Sor Juana. Premio Nacional “Ramón Iván Suárez Caamal”, Premio Estatal de Poesía “Juan B. Tijerina”, Becaria del Programa de Estímulos a la Creación con el proyecto: “Las ciudades ocultas y sus ciegas provincias” por el ITCA y CONACULTA. Publicaciones: Oscuro Zodiaco (antología poética, 1999, UNAM, colección El Ala del Tigre). Reinos de Ciudad (poesía, 2003, ITCA). Aquella Voz que Germina (ensayos de la literatura tamaulipeca 2010 editorial Colección Centenarios), Plaqueta “Rios de Tinta” (antologadora). Antología Al filo del poema (Chihuahua), entre otros. Ha publicado artículos en distintos periódicos y revistas. Actualemnte es coordinadora de información y medios noreste de la revista de arte y cultura La Linterna Mágica.

Luz desde el Inframundo. Revista electrónica de Poesía con fuerte regocijo abre sus puertas a la poesía de Cinthya Rodríguez Leija. Disfrútenla!

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I

Ícaro camina en la retina del aire

se indigesta de la manzana con moscas.

Ícaro observa cómo ellas curvan la trompa y él hace lo mismo

hasta perderse con furia en un espejo bebido de furia

y se contempla atado al imperio de la casa

a su propia mordedura que no será comprendida

como se comprende la terquedad de las moscas

ellas pueden atarse a la luna esbelta de las cerraduras

pero Ícaro es un abismo hecho de carne

humana partícula almidonada

que de día pulsa las hojas otoñales

y de noche rompe a galope

hacia la provisión de las torpezas.

Ícaro no es devorado por vocación sino por torpeza

se consume a sí mismo con las leyes gravitacionales

y los ritos que repetirá como un pregón inmortal

sabiendo que el oficio de su especie

es un profundo misterio.

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XXXVI

Von Günter ejercita las formas mortales en una cabeza plástica

Lot lo sigue con sus frases matemáticas empotradas

en línea recta y sobre ella el brazo es la palanca velocísima

que agita la parábola triste y mortal de la mosca.

El instrumento es simple invadido de vagabundos sistemas de signos

ajenos a la aproximación de las dulces criaturas ataviadas por el aire

una palanca a corazón abierto castigando a golpes los cuerpos convulsos

en la llamarada del deprecio.

Lo macabro del asunto no es otra cosa que almas atadas al misterio

las almas de la palanca

las almas de las criaturas

las almas de los que tienen domicilio y cuentas por pagar

todos una materia huyendo a la otra realidad nunca posible

porque las posibilidades nunca llegan para quedarse

no se quedan a curar heridas

no se quedan a llamarnos por nuestros nombres

ni a descubrirnos el vendaje amortajado de los días.

Y volviendo al aspirante Von

nos martilla un arma ultrasónica

y nos habla de las posibilidades

aquellas que provocamos según nuestras astucias

nos basta, dice, una catapulta

un impacto dirigido al universo

para impedir el desarrollo de la historia

y alterar 258,000 millones de años

y cada vida reinará a su manera

el hombre la criatura y el matamoscas.

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El tren de la nieve

El invierno ha recorrido de punta a punta todas las estaciones

para llegar hasta aquí.

Un punto apenas visible en los mapas.

La cita se descubre detrás de una luz argenta al otro lado del pueblo.

En las caballerizas y en los establos

las patas de las bestias
golpean la tierra

buscando el fuego de su centro.

Algo ha abierto una herida en el rastro de la nieve.

Algo tan pesado como una sentencia de amor o de muerte.

El estertor de la tarde gravita sobre un centro minúsculo

gris y blanco en los andenes que gritan:

algo como el quejido de un animal silvestre

que muere de rodillas

algo como el vuelo de un pájaro que parece bailar

sobre un río de lava: su vocación es arder.

Y yo te busco entre la multitud que sale de la estación helada.

Y yo te busco con mis ojos de empuñadura

que florece en los huesos de noviembre.

Y yo te busco en la tarde encallecida

con la sangre tibia de las fieras

acechando entre los árboles que esperan la llegada de una estación

    distinta a lo que ahora parece una postal amarga de furgones

    tendidos a lo largo de un camino que lleva a los campanarios

    del que salen las bocas solemnes de las despedidas

y el estruendo de los veneros.

Hay un tren que está a punto de partir

que silba con una nube en la corona

mientras te busco a tientas como a un recuerdo

que alguien ha enterrado debajo de las vías

que sostienen esa máquina

que está a punto de estallar en la memoria.

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El instante apuñalado

No es una manzana lo que gira al centro de la habitación.

Una locomotora a todo vapor entra a la estancia

derritiendo el vacío.

No es un hombre con sombrero lo que está detrás del espejo.

No la eternidad sino el instante reflejado en la superficie:

alguien acaba de salir azotando la puerta.

Alguien grita en el piso de abajo que paren esa música.

Continúa el repiqueteo del justo mediodía

a esa hora sonámbula y sola.

Tu madre ha enterrado en el jardín la llave del cerrojo

que da a tus sueños.

Tu padre mastica tabaco en el sótano

mientras termina de coser aquel vestido:

nunca soportaste la ronquera sorda de aquellas tijeras

invisibles con que parecía recortar las márgenes

de un recuerdo con sus hoces y braceros.

Las puertas que dan al mundo se han cerrado para siempre.

Nadie mira atrás impunemente, René.

Nadie corta del árbol de la noche un fruto estrellado

y se echa a dormir, René.

Nadie mira en el espejo de los armarios

para morir encerrado y triste.

Y ese tic-tac en la habitación…

Y esa locomotora encendida…

Y la música en el piso de abajo…

Ese tren… René. Ese tren.

Alguien debería detener ese tren que está a punto de convertirse

en un sueño apuñalado

que abrirá tus ojos cerrados por el cansancio.

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Krumau: La pequeña ciudad

II

(Brazo con tren extendido hacia la muchacha abierta)

Egon, Egon:

azarosa lengua,

cordel vaporoso de las fábricas,

niño tardío,

tintura carbonizada en el pulgar,

en el índice,

en el brazo sin padre,

en la estación sin hijo.

Viena sabe a los golpes del riel, Egon;

a lo que no será por añadidura,

porque el brazo no alcanza,

porque está sin padre,

porque hay un tren,

porque una muchacha silba

y expulsa todos los nombres:

Aquella naranja era la única luz

en la ventana de su carne

venosa y mortal.

Pasan por ella los vagones,

por los campos,

por el roce naranja de una cabellera;

y ella misma pasa por el embate

de los días que vendrán sin nombre:

el recuerdo herrumbroso de un padre

sentado en el portal,

esperando una carta que nadie

acercará a sus manos.

La locura, Egon;

y una muchacha que mira pasar por la ventana

ese tren sin medida,

la estación extraviada de la memoria.

Ahora te sientas, desnudo,

y dibujas la luz

antes de que los colores

definan el paisaje:

antes de la guerra,

antes de Edith,

antes de la peste,

después de las aguas oscuras.

Ahora, Egon,

cuando los trenes,

ahora…

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Migraciones

Él quería irse

de la raíz del vientre de su madre gitana

—desprenderse de la casa de Juanita

y su rito de arder las migajas de la noche

con los silencios del mediodía—

y en la traslación esférica

formar una moneda

cargar con su pila de bautismo e irse

por la aleta cósmica de las serranías

por el riel de la mina

hasta el centro mismo de la tierra.

Poetas Luz desde el Inframundo. Martín Tonalmeyotl

Martín Tonalmeyotl

https://www.facebook.com/Tonalmeyotl

Martín Tonalmeyotl, (Martín Jacinto Meza, 1983) nació en Atzacoaloya, Guerrero, Martín TonalmeyotlMéxico. Licenciado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Guerrero, Mtro. en Lingüística Indoamericana por el CIESAS y profesor de la Universidad Intercultural del Estado de Puebla.

Ha participado con lectura de sus poemas en el VI Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores, Literatura en voz de sus autores, 3ª Feria del Libro Guerrerense, La Fiestas de Nuestras Lenguas, entre otras. Algunos de sus poemas han sido publicados en la revista Sinfín, Mujeres en la historia II, 

Poesía Mapuche, en el periódico La Jornada en los suplementos: la Jornada del Campo y Ojarasca. Es integrante del libro: Los 43 Poetas por Ayotzinapa (2015).

Luz desde el Inframundo. Revista electrónica de Poesía presenta con honores y orgullo la voz de Martín Tonalmeyotl

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POEMAS NAHUAS

(Inéditos)

Ojtsitsintin

Matikinchijchiuakan ojtsitsintin

ika inxochipakilis atepanoltin,

kampa kokonej xkintemomotsos apismiktle,

kampa mikilistle mayejko tla se yeueuentsin

niman amo ika ikuitlapil kolotsintle

niman amo ika miktepostsitsintin.

Matikinchijchiuakan ojtsitsintin

ika tlakatlaltipaktin,

asiuatsitsintin

niman ika tototlajtoltsitsitsin

uan ueliskej teijliskej tlinon otikchijke ipan in tlaltipaktle.

Los caminos

Construyamos caminos

con puentes de alegría

donde el hambre no pellizque a los niños,

donde la muerte sólo llegue con la años

y no con la cola del alacrán

y no con las armas de fuego.

Construyamos caminos

de hombres-tierra,

de mujeres-agua

y de lenguas-pájaros

que parafraseen nuestras huellas.

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Tlaluajkajle

Nikneke niyes niuiuisakatsin.

Maasikan uejka nomastlakapaluan,

matlaixmatite nopatlanalis kampa xaka ixtlamate.

Nikneke niyes niuiuisakatsin

niman nipatlanis ijtik moxtin.

Niktemos kanon uajmextok akiyajtsintle

kema, nikasis se tlaluajkajle

niman ika on uajkaltsintle,

nikmoyauas nokokoltlajtol.

Jícara de barro

Quiero ser un colibrí para volar al infinito,

que mis alas lleguen donde nadie alcance

y que mi vuelo conozca el incógnito.

Quiero ser un colibrí

y volar entre las nubes

para buscar el manantial de lluvia,

tomar una jícara de barro

y con ella,

derramar la lengua de mis abuelos.

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Kuak nikneke ninokuikatis

Uetse tonajle niman noche najmanchiua.

Xnemej totomej, xnotlaloua ajakatsintle

nin kana patlanej xijtsitsintin ipan in chikaualistle.

Noyakajtsol ken se tlakachiche

nechilia maninokuikate

niman ninokuikatsia pampa maka nelkauas in tonajle.

Kema noyolika nikake nokualis

niman tlaka nokuikaluan

kinekej tenakastlaposkej,

teixtlaposkej

niman kinekej kinpajtiskej noche tlakamej

uan melauak kintlauelmitsia kalmaseualtin.

Maske te, tlaka on kauitl melauak pitelotsin

niman on tepantlakamej

xkauiliaj maueiya nokuikaltsin,

xkauiliaj manokuepa se xijtlapajtiketl

kampa kijtoua tla kauiliaj,

melauak miyak ualixuas ken ixua xijtle

niman kuajkon miyak tokniuan kinmakixtis

kuajkon te, oksejpa san ompa oninokau,

kan niknektok ninokuikatis

niman xaka nechakake.

Intento de melodía

Cae el día y todo se vuelve agónico.

No hay pájaros, no hay viento

ni hojas secas sobre la vereda de la vida.

Mi olfato de hombre-perro

me pide que cante

para rememorar la historia del día.

Después de leer detenidamente mi propio canto,

me doy cuenta que las melodías

tienen la intención de perforar oídos sordos,

de rescatar ojos perdidos

y de curar a hombres

impacientes ante la sociedad.

Sin embargo, el tiempo es corto

y las paredes humanas,

no permiten que mi canto

sea una hierba curativa,

porque si se le permite,

se multiplicará como maleza sobre la tierra

y dañará a una gran parte de la sociedad inhumana.

Por ello, vuelvo a quedar

solo en el intento

de ser escuchado.

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Amo xchiua

Amo xkisa ,

amo xmotlalo,

amo xtlanemile.

In ikxiojtin kimpiyaj intlapijpixkauan

uan ijtokaj tlakaajakamej,

siuakojkoltsitsintin

niman xochikokonej.

Amo xchoka,

amo xuetska,

amo xmijyote.

Kampa tla timijyotsia poliuis tlaltipaktle

kan chantej toniuan uan tlachistokej,

tlaltipaktle uan ijkatok ipan se miktlaltipak.

Amo xtlanemile,

amo xisteuetska,

yamok xtlajkuilo,

xkinkauile san noyajuamej matlajtokan tonaltsitsintin.

Recomendación

No salgas,

no hables,

no pienses.

Las veredas que pisas tienen sus espías

llamados hombres-viento,

mujeres-abuelas

y niños-flores.

No llores,

no rías,

no respires.

Porque si respiras se perderá el mundo

que parece de los vivos,

cimentado sobre una tierra de muertos.

No pienses,

no sonrías,

deja de escribir,

que el presente hable por sí solo.

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Ye youej

Sesentemej ye yajtiuej.

Youej uejka kontemoskej chikaualistle.

Chikaualistle kijtosneke, kualtsin chantiskej

ken nochipa ye chantinej.

Inkalijtik tokniuan yokalakiko on koxkuajle,

amo ken okintlajtlajtouilijkej,

amo ken okinemilijkej kitaskej,

kijtouaj te kampa ipan ojtin

sa titlamakasis tonkisas

kampa mojmostla tsajtsiuaj, poliuilou.

Ipan ojtin, ye miyak kistinemej tlakamej

inka inteposuan, sa xoxotlatinemej inxijlan.

Telpochkokonej melauak kinekej ijkon kistinemiskej

kuajkon te, seke tajtin mejor kinkixtsiaj inkoneuan.

Kijtouaj kampa kuak on tepostin chijchaj,

melauak ueye tetlatsiaj inka inkualaktsin.

Se ueuentsin kijtoua kampa on tlitsintle

niman kualaktle amo tlanemiliaj, maske te,

kintlakuijkuilia uan san telpokakokonej

kampa yajuamej te ken kojxoxoktin

uan sese ixtlapanej niman uejkauej tlatlaj,

uan tla xuelej tlatlaj, kuajkon melauak pokisaj

niman tla poliuej xuejka komonextsiaj.

Uan ye ueuentsitsintin xoktepaleuijkej,

tla uetsej, kuajnokauiliaj, xok notelketsaj,

xok kinekej nemiskej.

Por eso te kintlakuijkuiliaj uan telpokakokonej;

kokonej uan tlaixnamikiskej,

uan ueliskej melauak kimiktiskej

san akinon kinyakapan tsatsakuilia.

Ye youej kampa xkinekej makimajokuikan,

tla okimajokej, kuajkon te kineke tlajtlajkuijkuiliskej

tla kuaskej se bala inmixkuatipan noso tla nemiskej,

tla nemej kuajkon te

kineke temiktiskej oke yajuamej.

Sesentemej ye yajtiuej,

kinkajteuaj ojtsitsintin sa yajuamej,

kinkajteuaj inkaltsitsiuan niman intajtsitsiuan

uan ixtenchojchokaj niman kinemiliaj: ¡amo xuiya nokoneu!

kema oksejpa tlanemiliaj niman kijtouaj: ¡maijke te xuiya!

Migrantes

Se van de uno en uno.

Los guía la lejanía en busca de vida.

La vida para ellos es vivir a su modo

y por eso la buscan.

A sus casas ha llegado el abismo,

no como se los han contado

sino como lo viven sus ojos

porque al parecer,

en las calles sólo camina el miedo

y los gritos creados de la nada.

En las calles la moda es andar

con algo reluciente en la cintura.

Los más pequeños son muy aficionados a esa moda

y por eso, algunos padres sacan a los hijos de sus casas.

Cuentan que cuando los fierros escupen,

queman todo con su ácida saliva.

Un viejo del pueblo dice que el fuego

y la saliva no piensan, sin embargo,

siempre acaban reclutando a los más jovencitos

porque son árboles tiernos,

que fácil se parten y tardan más en quemarse

y sino, al menos les saldrá mucho humo

y serán fáciles de localizar.

Los hombres viejos no sirven

porque se dejan caer a la primera,

se niegan a vivir porque da lo mismo.

Por eso escogen a los más tiernos,

aquellas valerosas manos

adiestradas para prenderle fuego

a quien se les atraviese.

Los migrantes se van porque si los levantan,

tendrán que elegir entre una bala o la vida,

pero no cualquier vida, sino aquella

que cobrarán con otras más.

Se van de uno en uno

dejando las calles solas,

las casas solas y a los padres solos

con lágrimas que gotean un “no te vayas

pero mejor, vete”.

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Chilapeños

Tajuamej

uan ne tiualeuaj ikxitlan Teskitsin

niman kechka iyeualijkan Chilapan,

kan tsiouej melauak techkuitlapanuia

se chiche tejtex uan ijtoka Nejmojtilistle.

Kamaniantika san ompaka tiyanaj niman xtechita.

Kamaniantika iuan topanouiyaj

niman tikchiuaj kampa xtikitaj.

Yajua, noijke kichiua kentla xtechita

kentla xtechijnekue.

Kamanian maske melauak tlakpak tipatlanej,

yajua te no ompa yo techtokatij,

san uejkatsin techikxiijnektij.

Notajtsin

se tota uan sa kech ye tajtle,

uajtopone intlakotsin se kech yemankatlajtojle:

“kijtoua kampa on diablito ikonetsin

techkuitlapanuiaj san pampa yotechuelitak”

najua noijke nikijtoua kampa kineke

techixpolos, techyolmaxalos niman kema

techtekitiltis, techtlalis matikimasikan tokniuan

uan uelis tikinkuepaskej ken chiche itlapiyas.

Najua te melauak nechyolajmana niman nikualane

kuak nikita nempoliue on ueye chikaualistle uan ijtoka

“pakilistle”.

Najua te nitlakachilapeño,

San nikuajtoloua nokualak

niman amo nikmoya notlajtotsin

kampa tla onikmoyau,

on nejmotilistle nechinuatojtojkilis itskuiuan

niman kuajton te,

tlanesis ompa nitlajkaltos san nikojkoyoktik.

Chilapeños

Nosotros

los nacidos al pie del Teskitsin

y a las orillas de Chilapa,

caminamos por donde nos acosa

un perro que carcome llamado Miedo.

A veces nos escondemos cerca sin que él lo note.

Otras veces, nos cruzamos los pasos

y hacemos tuerta la vista.

Él también hace tuerto el olfato

para fingir que no ve.

Otros días, a pesar de volar muy alto,

nos damos cuenta que nos sigue.

Desde lejos olfatea nuestros pasos.

A mi padre,

de casi la edad de los huehues,

se le caen de la boca palabras sensibles como:

“Ese hijo de la chingada

nos siguen sólo porque le gustamos”

y concuerdo al darme cuenta

que lo único que persigue es hacernos

como él, para cazar más humanos

y convertirlos en miados de perro.

A mí me causa coraje y rabia,

al ver contaminado ese aliento antes llamado

“alegría”.

En mi impaciencia de chilapeño,

trago mi propia saliva

y trato de no hacer llover la palabra

porque si no respeto eso,

el Miedo me mandará a sus perros

y estoy seguro que amaneceré

con el cuerpo incrustado de plomo.

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Sokisiuatl

!Xmokuiteua siuatsintle!

Xkase motlauauanal

niman xkinuauana mokontsitsiuan sesekej.

Xkauile maijkoyoka mokojtlauauanal

impan itlakayotsin kaxtsitsintin iuan komaltin.

Manokuikate motlajkilteu impan inxayak

in sokitlapaleuijkej uan chantej kan tlakualo.

!Xmokuiteua siuatsintle!

On tekolotsintle uan kuikayekana mikilistle

yokajte toaranjas uan onka tokiyauak.

¡Siuatsintle!

Amo xkintsakua mixtololojtsitsiuan,

tla tikintsakua xokuelis tikintlapos

niman xok nemis akinon kintlakualtis mokoneuan.

Amo xkoche siuatsintle,

xmokuiteua niman xpaatla mosoki,

xteka on sokitl sa apaltik

kechka yotiktenchijchi ika xalpitsaktle.

Xkaua on kochistle siuatsintle

kampa yonka yetlanese, ye las 4

niman nikan poliuej molkaxtin, tlalchikijtin

niman tomintsin uan ika nokouas

aceite niman totoltemej.

¡Siuatsintle!

Xyolchikaua moyoltsin.

Xtlapalue moalmajtsin ken tikintlapaluia

intentsitsiuan niman inakastsitsiuan

mokouan.

Maka xmokauile mamitstlane kochistle.

Xuajla siuatsintle niman touan xnejneme,

amo xtlajkalteua in sokichikaualistle.

Mujer de barro

¡Levántate mujer!

Toma tu raspador de palo

y adelgaza con ella tus frías ollas.

Deja que cante esa jícara mágica

sobre el cuerpo de las cazuelas y los comales.

Que se escuche el dulce cantar del tlajkiltetl

sobre el rostro de estos ayudantes de cocina.

¡Levántate mujer!

El búho anunciador de la muerte

ha abandonado la verde toronja de la casa.

¡Mujer!

No cierres los ojos,

si lo haces no podrás abrirlos

y no habrá quien dé de comer a tus pequeños.

No duermas,

levántate y bate el barro,

echa ese lodo sobre el suelo

cercado con la fina arena.

Abandona el sueño

que ya son como a las 4 de la mañana

y aquí hacen falta más molcajetes, ollas caladas

y dinero con que comprar

aceite y huevos.

¡Mujer!

Haz fuerte tu corazón.

Pinta tu alma como pintas

las bocas y las orejas

de tus rústicas ollas.

No dejes vencerte por el sueño.

Ven mujer y camina con nosotros,

no abandones esta vida de barro.

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Neluasiuatsintle se

Tajua te monantsin ajakatsintle.

Noche tlajtoltin mokoneuan.

Motokayo te melauak notlakaita

niman moajuiyalis xochiistak,

melauak nomoyaua ken xopanayajtle.

Xtsotsolo mopeyoyotsin ijuitlakeme

pampa ijkon kojtsitsintin noyekkuikatiskej

niman on tlakamej uan kintokayotsia “indios“,

oksejpa mamitsnojnojtsakan

ika in xochitlajtoltsin.

¡Amo xpatla tokojkoltlajtol!

Mujer raíz uno

Eres hija del viento.

Madre de todas las lenguas.

Tu nombre es sagrado

y tu perfume de blanca-flor

se esparce como neblina en primavera.

Desnuda tu piel de plumas de ave

para que los árboles entonen cantos sonoros

y los hombres llamados “indios”,

vuelvan a enamorarte

con la lengua de los dioses.

¡No cambies la voz de nuestros abuelos!

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Siuatlajtsonketl

Nonantsin yope tlajtsoma.

Mojmostla okualkan

ika isokiixtololojtsitsiuan,

imatlayoltsin niman ikxiokojuan,

kijitsoma pakilistle ken itla soyatsintle.

Kuak yeyas ontekitis

nixamijteua, nopetsojteua.

Yo sa uetskati ken kana ajakatsintle,

tikijtosia kekeloua ipan ixijlan.

Kuak neyajmantle kineke itech nopepechos,

nonantsin peua nijtotsia, tsijtsikuine niman uetska.

Kuejuestkilia on lamajtsin nejmankamayantle.

In lamajtsin san ontlacha niman kisa notlaloua

ixmejmetsijti ken kana tikijtosia,

ipan ikuitlapil uajpilkati se chiche.

Najua te, san nikmatlaxkalouilia itekiyotsin nonatsin.

La artesana

Mi madre se ha vuelto una artesana;

todas las mañanas

con sus ojos de barro,

manos de maíz y pies de ocote,

teje la alegría como si lo hiciese con la palma.

Antes de cada labor

se maquilla para lucir

sonriente como si la transparencia,

le hiciera cosquillas sobre la cintura.

Cuando la tristeza intenta acercarse,

mi madre baila, brinca y ríe.

Se mofa de aquella pobre arrastrada.

La tristeza, con los ojos salidos,

la mira y corre espantada como si detrás de ella,

viniese un perro mordiéndole la cola.

Yo, sólo aplaudo y celebro el trabajo de mi madre.

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Tlalnamikiltin

Tepetlanankilijle uan kakistitok ipan ixik atlajtle.

Tlaseseliotl uan uajkistok ipan imasekak techinanyo.

Kojtin uan inneluayouan tlalaktokej ipan xajle uan sokitke.

Ajakatotomej uan poliuej intsalko kojtin inmayotsitsiuan iuan inxijyouan.

Tonaltsintle uan kine kitlauilouaya niman kinaman kitotoniaya Tekiskan:

Atlajtle kampa yolik onokauile oniknapalo.

Kampa nomatsitsiuan okimatlalojkej imatsitsiuan

niman yajua xonauat niman san onokau,

kema okimasik nomauan, xtla okijto niman ope kinmatlaloua,

chikauak okimasik kampa kinekiya kimatisia

kenejke notlalojtok ipan noneluayouan on nekilistle,

on nekilistle uan ope nechejeltsiaj niman ope kejeltsiaj.

San otechitakej:

uejueimej tetsitsintin uan chantej Tekiskan,

yemanka ajakatsiotlakiliotl,

iistakkuikalis on achapanalistle,

meskal uan tlachijchijtle ika uva niman okpa otikonikej,

se kech cigarros gratos uan sa isoltikej niman otikinpokikej,

mandarinas pipitikej uan kamaxokokej,

naue tenxipaliomej uan machistiyaj ken nektle,

uan melauak onotejtenkuajkej maske xosiojkej…

maske te,

onotenkuajkej kechka kuajle onouelmatkej.

Recuerdos

Ecos disonantes sobre el ombligo de un río.

Frescor de cascadas emergidas bajo las axilas de los peñascos.

Árboles de pies desnudos enterrados bajo una arena lodosa.

Pájaros-viento invisibilizados por ramas y hojas verdes.

Un sol apenas visible y apenas caliente que alumbraba Tekiskan:

Lugar donde se dejó seducir por mis pequeños brazos.

Donde mis manos acariciaron sus manos

y ella silenciosa y tímida,

tomó las mías y solo calló mientras los acariciaba,

los apretaba para sentir ese sentimiento

que corría sobre mis venas, los cuales,

originaban mis suspiros y los suspiros de ella.

Los testigos innombrables son:

Las piedras gigantes de Tekiskan,

el viento fresco de la tarde,

la balada cristalina de la cascada,

dos copas de mezcal de uva,

unos cigarros gratos muy desgastados,

pequeñas mandarinas agridulces,

cuatro labios dulce miel

que se besaron no hasta cansarse…

sin embargo,

se besaron hasta sentirse.

LO “CLÁSICO” EN LA POESÍA MEXICANA. La columna de Juan Cú.

En LUZ DESDE EL INFRAMUNDO. Revista electrónica de Poesía, presentamos la nueva entrega de “El último Infra.” La columna de Juan Cú. Lo Clásico en la Poesía Mexicana.Juan Cú

Análisis crítico y mordaz con enfoque lúcido. Imperdible.

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LO “CLÁSICO” EN LA POESÍA MEXICANA

“Es clásico, no porque lo escribieran los griegos, sino porque está escrita en la mayor intensidad humana posible y que pocos espíritus posteriores de la literatura han podido igualar.” Juan Cu

Los estudios de poética en México continúan sanos. Los trabajos sobre asuntos de poesía clásica, griega y romana, junto con la crítica de la tradición española, siguen siendo de interés constante en nuestro país desde hace 300 años; la original e indígena, no tanto, por confusión y desconocimiento.

Se preguntarán ¿para qué sirven los estudios clásicos?

El estudiar lo mejor que se ha escrito en la lengua griega o romana da brillo alEl poeta Homero pensamiento y lengua española que hablamos; no olvidemos que el idioma español es heredero del latín, y de también del griego. Estudiar a los mejores representantes de la literatura clásica evita sustancialmente caer en el desgaste total de los frecuentes ciclos de pobreza literaria en la historia hispano-americana. (Ver, por ejemplo, la literatura española del siglo XVIII ).

Desde la fundación de la primera universidad de México (llamada en aquel tiempo Real y Pontificia Universidad de México. 1551), hubo, en nuestro país, la necesidad de competir con las universidades de España, debido a cierto recelo y menosprecio natural de los europeos hacia los estudios y personas (alumnos y maestros) en la naciente pero pujante colonia americana. Por aquel entonces y hasta la independencia de México, (1821) la competencia estuvo a la par entre ambos países en casi todas las categorías de vida.

Se decía que México disputaba a España el título de tener a los mejores escritores y académicos, gracias a la constante preparación de maestros y alumnos, sobre todo en humanidades. En México, desde la fundación de la universidad, siempre se tradujo a los escritores de la antigüedad con verdadero interés, compitiendo con las traducciones e interpretaciones españolas, tanto que, en el afán del perfeccionismo, cuando se publicó en la imprenta, en España (1632), la famosa Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, se cambiaron muchas frases y otras se adicionaron al original, escrita a mano, perdiendo un poco la emoción original del rudo soldado, para convertir las memorias de Bernal en un “clásico” de la pronunciación y escritura elocuente, aunque menos, si se compara con otros autores en el mismo tema y tiempo con respecto a las dornaturas barrocas y exageradas del lenguaje de la época, y a la manera como se hablaba el idioma español en España, a la “española” en el siglo XVI.

Ignacio Osorio Romero ha sido quien más ha estudiado el asunto. Por ejemplo, en su libro Conquistar el eco. La paradoja de la conciencia criolla, incluyó varios ensayos como: “Jano o la literatura neolatina en México”, “Sobre la historia de la filosofía novohispana”, O “El helenismo en México: De Trento a los filólogos sensualistas”. En otros de sus libros aborda temas semejantes: Colegios y profesores jesuitas que enseñaron latín en Nueva España (1572-1767) y Floresta de gramática y retórica en Nueva España (1521-1767). También los hay de autores específicos, como el célebre Horacio en México, de Gabriel Méndez Placarte, que recoge textos de humanistas mexicanos, o Tópicos sobre Cicerón en México, también de Ignacio Osorio Romero, y México exalta y censura a Horacio, de Tarcisio Herrera Zapién.

A principios del siglo XIX, después de la Independencia de México, se continuó, con más ahínco, con disciplina inquebrantable con la tradición de los estudios clásicos. Así, las modas literarias, por ejemplo el “romanticismo” (1810–1824), nos llegaban de Europa a través de los periódicos, (ver El Ateneo Mexicano y Siglo XIX (1840) y El Monitor Republicano (1844)) libros y personas que viajaban y regresaban con noticias nuevas con la idea de “modernizarnos”.

Estas noticias eran recibidas moderadamente por parte de los escritores templados de México, escritores ciertos de las virtudes universales de un lenguaje literario que poseían y plastificaban a su antojo y manera debido al incansable estudio: lectura, publicación y traducción de autores de la antigüedad.

Así, con la tradición a cuestas, emprendían los escritores mexicanos las modas europeas con mejor orden y causa, ofreciendo para la historia de la literatura del país, en este caso particular, poetas fuertes que la crítica extranjera reconocía en forma notable, mientras la crítica especializada y erudita les pedía describir a buen modo sobre sus paisajes nativos y la lucha social por su autonomía e independencia (Ver por ejemplo: Manuel Acuña, México (1849 — 1873), entre otros en la Historia de la poesía hispano-americana, de Marcelino Menéndez y Pelayo (Madrid, 1911)).

Se debe decir como un lugar común, y ocurre sin falta en cada nuevo siglo. A la entrada del romanticismo en México, se dieron cita una gran cantidad de escritores espontáneos y poco cultivados en el trasfondo del arte del verso que adornaban como candelabros prístinos la Ciudad de México, y que se “autonombraban poetas románticos”, con el nuevo señalamiento de “modernos”, a través del término del romanticismo europeo, además de que fueron arropados en mecenazgos públicos y privados. No merecieron más, salvo que, ya pasado un tiempo, su nombre fuese señalado en alguna historia de la literatura de México, como simples participantes de una época. (Ver periódico literario “El Renacimiento” (1869), y otros).

Los clásicos en los libros de las escuelas públicas, después de la Revolución Mexicana (1910), llevada a cabo por el escritor y filósofo José Vasconcelos, sirvieron para restaurar el pensamiento de un pueblo señalado por la barbarie.

De México se dice: es un crisol de todas corrientes literarias y poéticas que nos visitan del extranjero, aquí revolotean como luciérnagas todos los “ismos” de la vanguardia del siglo XX, y de cualquier moda; y además se nos critica de no estremecernos, sino sólo de su noticia pasajera. Esto es cierto, nos complacemos más por la durabilidad de la tradición y esfuerzo por mantener y enriquecer aún más el genio de nuestra lengua desde sus más ilustres representantes del pensamiento universal. No por otro motivo, sino la de evitar la estupidez, nacida del arrebato emocional del momento. “Los tiempos son de los que saben administrarlo”.

Por este y otros motivos son importantes los estudios clásicos en México. El saber por qué y en dónde nos equivocamos para a tiempo cambiar a tiempo el rumbo.

Poetas Luz desde el Inframundo. Berónica Palacios Rojas

Berónica Palacios Rojas

https://www.facebook.com/beropalacios

Nació en Chapala, Jalisco1973. Lic. En Letras Hispánicas. Ha publicado en losBerónica Palacios periódicos El Informador Guadalajara, Jalisco, El Financiero del D. F. y colabora en El Charal Ajijic Jalisco, además en los semanarios de la Ribera de Chapala en La Página que sí se lee, Redes. Y en las siguiente revistas literarias: La partera, El Canto del Ahuehuete, Psicoactivo y Clarimonda,; Bitácora, Estepa de nazas, Plan de Pájaros, Tuxtepec, Oaxaca. Y en Guadalajara en las siguientes revistas: Orfeo, Reverso, Humanidades, Rémora y Arsbélico.  Actualmente es Directora de la revista y Editorial Papalotzi desde 2004 hasta la fecha. Es cofundadora del Encuentro Francisco González León del 2013 y 2014.

Ganadora del tercer lugar en del concurso de poesía y cuento Adalberto Navarro Sánchez organizado por el STAUdG, 2014. Ganadora del primer lugar en el Torneo de poesía y cuento en conmemoración de los 20 años del Aniversario del Concurso creadores Literarios FIL JOVEN organizado por el Sistema de Educación Media Superior y Editorial Verso Destierro. (2014).

Luz desde el Inframundo. Revista electrónica de Poesía alcanza el máximo esplendor con la Poesía de Berónica Palacios Rojas.

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Petición última al hombre mar

Cuando muera viste de azul (como siempre)

acompáñate del viento que guarda su maullido de noche / murmura un

Ten miedo de mí / y que tus versos rodantes / fluyan con la cresta plateada alrededor de mis cenizas.

Cuando muera / cuida a los hijos / al limón y a los gatos

/ escribe y pinta poesía /

emborráchate con mis amigos / recuerda mi barroca estela / escucha mi carcajada que resguardan las paredes / las arenas / los viajes.

Porta la sencilla complicidad que nos distinguía /

la quietud de contemplarnos / de tocarnos los espacios infinitos

Regala todos los libros / los suvenir / las perlas:

Las colecciones de nuestras entregas /

diviértete / y busca la sirena que cuide de tus versos.

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La lluvia y La llovizna

La llovizna es mujer suave

y la lluvia, mujer independiente

que se entrega a todas horas.

La llovizna de noche

es serenata arrulladora de almas.

La llovizna empalaga

y molesta todo el tiempo.

Es mujer suave, paciente piedad

y dulzura chinga quedito.

    No quiere pasar desapercibida.

Despide un orden minúsculo

es esposa sumisa

    que siempre está lloriqueando.

La lluvia, amante imperativa

despide besos

que acribillan el cuello,

         la piel,

         el suelo.

Siente celos de saberse la segunda

en ocupar el mismo cuerpo,

        el mismo espacio

            el mismo sexo.

    Y llora fuerte

derriba árboles, casas

y hace zanjas en los recuerdos.

La llovizna es mujer atemorizada

que baja

y bebe sólo un sorbo de agua

mientras que la lluvia baja

            bebe bastante

             y se da entera.

Empapa todo

-con paso preciso, rápido, oscilante-

y se viene ansiosa en temporal.

    Despide un brebaje erótico

que el amante bebe satisfecho.

    Embriaga como torrente cada escena,

Impregna su olor afrodisíaco de humedad

y seduce al huésped cotidiano

hastiado de un solo cuerpo.

La llovizna barniza de letanías

canciones de cuna

    consuela y arrulla nidos

    con su sinfonía melódica.

Cuando amanece, la lluvia dejó su huella

-entre piernas con olor a sexo-,

en los techos, en las zanjas

y pasó por el caño del oxidado

    que respira

    por su único ojo ciego.

    Cuando el alba descubre su vuelo.

Ambas escamparon dejándolo temblar

con sus recuerdos.

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Escenas de mi vida

I

Mi niñez es un eco lejano

de las más amadas voces.

El sabor de la fruta madura

Y el no recuerdo de la verdura fresca.

El frío que dulce que jalaba mis cabellos

y mi padre con olor a bonzo.

Eso encontré en el pueril cofre

de mi memoria incendiada de recuerdos.

Un campo pleno de agüilotes, ciruelas y guayabas

que caían despidiendo su esencia.

Una ansiedad por encontrar hilos y tejer anhelos.

II

En la familia no se hablaba de nada, de nadie,

de ningún tiempo

sólo en sueños.

A veces por cartas

para preguntar sobre amantes cobardes,

triunfos fallidos, decepciones rancias.

Preguntar por muertos que viven

en mi libro inédito.

Discutir cosas efímeras y compartir

gustos elementales como el sexo

-que sólo revelábamos con los ojos-

o la flojera de querer enderezar

el andar de nuestros hijos.

III

Recuerdo sordas goteras

que musicalizaban el sueño,

las verdes matas a la orilla del río Bravo

y el hielo,

gota cristalina

que fallidos, decepciones rancias.

Preguntar por muertos que viven

en mi libro inédito.

Discutir cosas efímeras y compartir

gustos elementales como el sexo

-que sólo revelábamos con los ojos-

o la flojera de querer enderezar

el andar de nuestros hijos.

III

Recuerdo sordas goteras

que musicalizaban el sueño,

las verdes matas a la orilla del río Bravo

y el hielo,

gota cristalina

que con afecto, rencor y lejanía.

Así, nos amábamos.

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Camaleón

Me gustan tus espacios infinitos

Agridulce lagartijo de antiguos rituales.

Al contemplarte renazco

convertida en sombra /

en flor /

en verso.

Embriagados de aromas inquietos /

derivamos en inconcluso atrapa sueño.

Florezco en cascada

al estacionarme en tu misterio /

Juré albergar en tus ojos limpios /

camaleón de corazón perfecto.

Ritual de mil páginas /

humedad de siempre.

Acaríciame sin pretensiones /

mapa viviente que coleccionas abriles de invierno /

expande tus bondades

y bebamos un trago de noche.