Poetas Luz desde el Inframundo. Martín Jiménez Serrano

MARTÍN JIMÉNEZ SERRANO.

https://www.facebook.com/martin.jimenezserrano

Tlahuelilpan, Hgo., 1967-. Profesor-Investigador de la Academia de Creación Martin Jimenez SerranoLiteraria, de la uacm-gam. Estudió Letras en la FFyL de la unam. Fue subdirector de Equipo Mensajero. Revista Literaria, de la ciudad de México. Aparece antologado en Creación Joven, 1979-1999. Ensayo del siglo XX al tercer Milenio -conaculta, 1999-. Ha publicado en Tierra Adentro, Reflejos y Albatros Viajero, entre otras revistas especializadas. En el extranjero lo han dado a conocer la Academia Iberoamericana de Poesía, de St. Thomas University Fredericton, N. B., Canadá; la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea de The University of Texas at El Paso; Alhucema, España, y la Antología de poesía Argentina-México, Argentina: Ediciones Poesía de Rosario, 2000. Es autor de los poemarios: Violenta armonía -2012-, Mudez enardecida -2007-, Miserable Catulo -2005- y …para la diosa de Haín -1998-. Tiene inéditos los poemarios El vino de la desolación y De mi alma en el más profundo centro (Cuaderno de bitácora poética), además el libro de cuentos Hijo de tigre.

En esta ocasión, LUZ DESDE EL INFRAMUNDO, se engalana con la siguiente selección de su obra.

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Amanece y digo:

¡Poesía, justifica mi Vida!

Y todo comienza de nuevo:

Asombro,

magia,

encanto.

Manifestación de Ella en el viento suave del día…

¡Y en un zigzag lo sagrado se hizo poema!

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Cuánto corazón primaveral para ti en este viejo otoño que te ama.

Oro son sus labios que te besan;

fortaleza sus brazos en los que descansas;

un violín su pecho en el que oyes la armonía de la paz brillando en tus ojos.

Para ti nació este amor que sientes en mí.

Guárdalo, amor; llévalo como una medalla de oro en tu hermoso pecho.

Guárdalo debajo de la almohada cuando duermas

y traeré buena suerte para ti:

¡Yo soy la mejor de tus suertes, amor mío!

Por eso tu alma duerme tranquila en esta noche en que no hay señal de tinieblas,

sino sólo el encanto de mi presencia.

Soy el guardián tuyo en tus sueños.

No soy Miguel, pero desde que he llegado a ti

soy quien lucha contra tus pesadillas en el oscuro abismo de tu desconsuelo

y he vencido esa luz bella que te asedia todas las noches mientras duermes.

No soy Gabriel, sin embargo te anuncio un buen futuro:

―He aquí al que tú esperabas.

Escucha la esperanza de tu descendencia.

Soy el deseo de tu voluntad, la encarnación de tus sueños.

No soy Rafael, pero sí el mejor remedio para ti en tus horas de fiebre.

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No soy un ermitaño, hijo de Antonio,

ni un monje de la escuela de Siddarta

ni un chamán hijo de visionarios

ni un cristiano expulsando espíritus del templo;

pero este inmenso valle del alma es un heraldo que aclara el deseo de eternidad,

en medio del ruido de relámpagos comerciales,

del ruido de sermones-políticos.

Ruido de buenas promesas como profecías incumplidas en el tiempo nuestro.

Estridente sonido en alta escala que aturde el alma.

Un augurio triste de mi época: frágil, ligera, liviana,

que se consume en la propaganda de la mentira como una brutal huella.

Un silencio de castañuelas que anuncian lágrimas, odio, encono, desprecio.

Insoportable es la mentira de una piedad enmascarada.

Una verdad escondida en el miedo de la ignorancia.

Un caparazón de armadillo en el que se oye el eco del grito de una voz sin esperanza.

Rocas volcánicas que guardan todo el fuego del odio de civilizaciones muertas.

El llanto de una fe en el hombre que siembra una tecnología veloz y ligera.

El llanto que llora su propia pena en el círculo de lamentaciones de miseria.

Es el lento paso de la muerte en el cielo negro del que reza.

Y todo…

y todo muere para renacer de nuevo todo.

   

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Hermano, cuánto amor palpo en este odio contra nuestro hermano.

Cuánta ira quema la piel de tu alma.

Paz en la discordia, hermano, semejante a mí mismo;

aun en esta interminable guerra ancestral

lleguemos a una tregua de amor

mientras me entierras

en tu corazón tan grande, tan fuerte y poderoso, que aún me recuerda a solas

―tú y yo mejor que nadie lo sabemos.

Incluso una tregua de amor después del último puñado de tierra

que no veré caer de entre los dedos temblorosos de tu corazón

sobre la oscura habitación de mi tristeza;

porque el duro temblor tuyo

no es sino el amor impetuoso que no ha hallado su propio camino.

Y tu dolor es mi dolor más grande

y tan grande es tu dolor por mi pena

y mi muerte es tu muerte, mientras nos veamos los dos como si no se vieran.

¡Ya ves, hermano, cómo aún somos tan inseparables…

que hasta el odio más nos une cuanto más nos aleja!

 

Hermano,

si me uno a ti,

si te unes a mí,

si nos unimos

―y no sólo es un decir―,

podemos vencer al tirano que nos gobierna.

Hermano,

si todo mi odio contra ti se transfigura en amor y ternura y fraternidad.

Si todo el increíble poder de tu odio contra mí lo transfiguras en dulzura,

qué relámpago de perdón fulminaría todo el dolor en la casa del alma;

qué destello de paz formaría un solo rostro con los rostros de nuestra descendencia.

Hermano de alma y de sangre.

Hermano de infancia entrañable.

Hermano de lágrimas.

Hermano de sonrisas.

Hermano de juegos en la calle.

Hermano de pan en la mesa.

Hermano en la cárcel de la envidia, de la avaricia, del rencor…

Hermano, como tú, como él, como ella, como todos,

tenemos una sola voz con medios, agudos y graves

y una convicción tan grande en este ir y venir en la vida.

Porque tu voz es mi voz

y mi voz tu voz,

y tal es mi consigna, mi emblema, mi estandarte, mi bandera.

Y todo anticipa amor y sin Él no hay bandera, estandarte, emblema

ni consigna alguna para transformar éste que soy sin que yo quiera

y ese que eres tú sin que tú mismo lo quieras.

Si he de morir, antes diré tu nombre en el mío: ¡HERMANO!

¡Oh, hermano, aquellas manos tuyas que un día se unieron a mis manos contra el tirano!

Sí, he de morir cuando el tirano muera.

—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~

Los días de noviembre son más intensos en este año.

Belisa,

tú y yo en este solo viaje,

destrucción de los días en nuestros besos.

La temporada de la fruta pasa;

mas para nosotros, todo el año la madurez.

Aquí entre muros movimiento de latidos gemelos

en el centro inmóvil del espejo.

Delante de ti huyo más allá de mí.

Mujer de muslos recién maduros.

Tu profundidad

concha marina

guardadora del misterio.

Frente a mí

frente a mis ojos

tus manos

descubren

floreciendo

dos orquídeas.

Al rojo vivo el color de su aroma.

Turgente de amor

el amor de mi cuerpo.

Serpenteando

las travesuras de mis manos

en la cúspide

de tus senos

a punto de estallar.

Desde la redondez de tu centro

                                         mis

                                                manos

                                                            bajan

                                                                 escalando

                                                                            un

                                                                             par de torres

                                                              humedecidas de fuego.

                                                                       Labios de cueva,

                                                                      cueva de océano,

                                                            océano sediento de mí:

                                                                                  grandeza

                                                                                     lúbrica

                                                                                   pequeña.

                                                                       Sumergido en ti

un buzo rasga el misterioso alumbramiento de la vida.

Desnudez de diosa griega en espuma de mar.

Mi lengua sabe el sabroso secreto de tu gemido.

¡Ahh…!

¡Salmo de invocación al supremo hermetismo numinoso!

En la blancura de la sábana

tus muslos tiemblan amor,

                                                 lo ssiento.

 La puerta se abre con el roce de mis manos

palpita

de nuevo

me encierra

quedo.

                                                 ¡Quedo!

¡Enmudeciendo!

Belisa, El Beso de Rodin nos ha electrocutado.

Destruyamos la tarde en este solo viaje.

—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~

    

Quién ha amado más tu cuerpo, Encendida mía,

porque te amaré más aún.

Quién ha sentido tu alma tan etérea, y enardecida su delicia,

porque la palparé con mis labios al besar el cielo.

Untaré mi ser en el tuyo.

Allí donde yo, tú.

Otra vez,

déjame tocar con mi lengua tu ombligo

y nacerá el fruto de la vida.

¡Ahhgua de tu piel recién olorosa a mí!

   

—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~

   

Mordiera un durazno como tu entrepierna.

                                                                         ¡Mmmhh,

qué olor,

qué sabor!

¡Jugosa pulpa divinizada!

Vasija de barro encarnecida en mis labios.

Vasija dividida,

en porciones estrellada,

en cuyos cuencos, olor humedecido, bebería

una sola vid,

una sola vi,

una sola vida propagada.

Danzaras mis ojos en tu cuerpo danzante.

Avatares de Belisa.

Mi geisha, clásica, folclórica.

Hidalguensemexicana.

Más gustaría el dolor de tu gritito a mi lado.

Si tú eres tan hermosa danzante          que el silencio

en esta noche encerrada.

Enmudece mi silencio en la hondura de tu danza.

  

—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~

  

Epitafio

A Claudia Viol

A veces pienso en algo “tan de mí”

o en alguien, como en Dios

o en nuestro país en guerra

o en los muertos

a quienes un día creíamos amar

y, en vida, ni una palabra,

sólo hoy…

Hipócritamente vivos de amor

En llanto y en flor -nosotros.

A veces uno piensa en alguien,

en ti, por ejemplo.

Te pienso

y sufro como

te pienso…

Me duelo tanto

de esto que llevo dentro

del frío mármol, hendido por el sol,

y que no es amor, odio,

sino un dolor a más de doce años lejos de ti.

Me duelo tanto

de este día,

por las avenidas,

por las banquetas llenas de ayeres contigo,

de pájaros sin nombre.

Por la calle que tú caminas sin mí,

en la misma que ahora voy conmigo

-porque, sin ti, todas son iguales.

¿Qué dirán nuestros pasos

al presentirse?

¿Saludarán tus zapatillas a mis zapatos,

pese a la marca de los dos

-Chely, Duque de Milano, Ztella, Paretti…-?

No sé,

el calor de mi cuerpo

abrasará la promesa de encontrarnos.

—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~

El 6 de Nerón

 “El que sea inteligente,

que interprete la cifra de la bestia”.

Ap. 13: 18.

Aída

a veces una canción de moda en la radio

cae en nosotros

al corazón

igual que unos versos desesperadamente amorosos de Neruda

tan humanos de Vallejo

tan llenos de Dios de Placencia

y comienzo a descubrirme

a estar dentro del juego

éste que el gobierno cuyo nombre todos sabemos

impronunciable

–obsesivamente nos lo han taladrado en la cabeza

desde un poste de la corriente eléctrica

en el parabrisas del camión colectivo que abordamos

en la entrada del mercado

en cualquier esquina

a cada media cuadra

como sello de censo en la puerta de mi casa

como una marca deliciosa de refresco que tanto enferma

Sello de censo Sello de censo Sello…–

A golpe de conciencia me va orillando a sellarle en la frente

  666

Seis veces más Zigza

                     g

                       u

                   e

               a n t e para reconocerlo en cualquier lugar

donde esté su rostro

con su jurásica sonrisa en decadencia

 666

A la sexta potencia

y ¡no basta!

en este 6 de Nerón

¡oh no quise decir Nerón sino enero! mas…

Aída

en este país

la estupidez en su total manifestación gobierna

yo no sé por cuánto

—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~—–~~~~—-~~~~ 

Salmo 51

Ten piedad de mí, Amor mío, porque eres buena.

Que en tu justicia quede anulada mi falta

y mi conciencia quede exenta de malicia.

Amor mío, acrisola mi corazón,

aparta de él tu cólera.

Mi atrocidad la conozco.

La mayor de las calamidades he cometido.

Lo indeseable para ti yo lo hice.

Ahora soy el funesto dolor en tu silencio,

la desgracia de la casa.

Lo inconsolable de tu vida he cometido.

Por eso, contra mí es justa.

¿No habrá tolerancia en la aseveración de tus labios?

Te ha tocado conocerme.

Ya me conoces más que a ti misma,

más que la palma de tu mano.

Ahora soy un tirano sin poder,

un neurótico blasfemo.

Neurótico desde el seno social que me parió.

Un adicto a los mass media.

Aficionado a los anuncios propagandísticos,

a las temporadas de fútbol.

Extasiado en el erotismo de las telenovelas,

en las películas de violencia,

en el amarillismo de las noticias de la prensa…

Tu deseo es que te sea leal y comprensivo,

accesible en tus preferencias.

¡Confórtame con tu fidelidad

y te seguiré!

¡Tómame!

Enséñame con tu amor lo que quieres de mí.

¡Haz temblar todo mi ser para ti!

Erotima, no miren más tus ojos mis errores.

Limpia en tu vestido la mancha de mis manos.

No te vayas,

no me des la espalda.

No apartes de mí tu luz.

Si te comprara perfumes y joyas en El Palacio de Hierro o en Liverpool,

no te importarían

ni Christian Dior

ni Carolina Herrera

ni Paloma Picasso

ni Dolce & Gabbana

─¿Será imposible tanta realeza?

Pero tu amor no está en venta─,

ni aceptarías mudarnos a una zona residencial.

Heme aquí, arrepentido.

Por tu amor, tú no despreciarías a este ser a punto de autodestruirse.

Complácete en retirar de mí tu ira,

tu renuncia a mí

y comencemos.

Un libro en el parque.

A una disco en fin de semana…

Vamos,

después de un café, caminemos

de nuevo                   las calles iluminadas de la ciudad.

A un parque, una disco, luego

Solos,

solos,

solos.

Solo me ofreceré para ti hasta la muerte.

En tu corazón volvería a nacer.

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2 comentarios en “Poetas Luz desde el Inframundo. Martín Jiménez Serrano

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