Traducción de Poetas clásicos en Luz desde el Inframundo. Cayo Valerio Catulo por Janitzio Villamar

En Luz desde el Inframundo inauguramos la sección de Poetas Clásicos y nos enaltece hacerlo con Cayo Valerio Catulo traducido por el maestro Janitzio Villamar.

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Cayo o Gayo Valerio Catulo.

Sabemos que nació en Verona, Italia (Cat. LXVII, 34; Plin. H. N. XXXVI, 6; Ov. CatuloAm. III, 15,17 y Mart. XIV, 195), hacia el año 87 a.n.e. (s. Jerón. Chron. Y Cat.). Su padre recibió a Julio César (Suet. Caes. 73-74). Fue acogido muy joven en Roma por J. Memmio Gemelo, propretor de Bitinia, a quien dedicó parte de su obra (IV, XXVIII, XLVI, CI). Perteneció la escuela de los “innovadores”, en griego neóteroi, rompiendo con las formas y cánones, según Cicerón (Orat. 161; Ad Att. VII,e, 1; Tusc. Disp.. 3,45, todo dicho de manera peyorativa, aunque parece referirse al grupo anterior, conocido como “preneóteroi, pues no da nombres.. Hacia el año 57 acompañó a Memmio a Bitinia para narrar sus hazañas (Cat. X, XXVIII). Aprovechó para visitar la tumba de su hermano en Troade (Cat. LXVLXVIII, CI). A su regreso, se instaló en una casa de campo en Sirmio, a orillas del lago Garda. Murió allí antes del 51, como se conjetura por una cita de Nepote, a quien dedicó su libro (Nep. At. 12, 4).

Janitzio Villamar logró demostrar en su estudio sobre el poeta, que su obra se difundió lentamente y que tal difusión se puede seguir aún a través de los textos de quienes lo mencionan, de manera que se trata de un autor de culto. También demostró que la influencia egipcia en su obra es muy importante, hecho que estaba de moda, como fácilmente podemos imaginar por la conquista de Egipto por Roma y el enamoramiento de César por Cleopatra, su posterior visita a la Urbe y el nacimiento de su hijo, Cesarión, más tarde asesinado.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, la obra de Catulo parece casi perdida, salvo por una breve mención de Raterio, obispo de Verona hacia el 974. Anteriormente, el último en mencionarlo fue San Isidoro de Sevilla alrededor del 636. La obra fue recuperada por casualidad en una aduana. A partir de ahí, se escribieron varios manuscritos que difieren entre sí ligeramente.

La obra está ordenada por cierto criterio métrico. Primero aparecen los ritmos yámbicos y las estancias sáficas que, junto con el llamado núcleo eólico representan una casualidad que no puede serlo. Luego vienen los hexámetros, también muy cercanos a los sáficos para los epitalamios y finalmente los dísticos. De su estilo, resalta el uso de verbos compuestos, sustantivos asociados a los elementos y derivados, marcados por la mayoría de los filósofos jonios. El uso de adjetivos da el tono irónico de su poesía. Abundan los demostrativos usados como pronombres y las palabras de origen griego. Entre otras figuras retóricas  ocupa la aliteración, anadiplosis cíclica, anáfora, arcaísmos, asíndeton, diminutivos, enálage, encabalgamiento, estribillo, finales homoteleúticos paralelos, hipálage, hipérbaton, metátesis, paralelismo, polisíndeton, regionalismos, reduplicación y rima, vocabulario raro o restringido, gradaciones descendentes, hendíadis, lítote, metonimias, quiasmos y sinécdoque.

Por temas, primero están los poemas de ritmos yámbicos, que se prestan al juego, por ejemplo la burla o la ironía, después los hexámetros, tradicionalmente heroicos o guerreros, pero en Catulo epitalámicos, es decir, de bodas con narraciones mitológicas, y finalmente los dísticos, por tradición amorosos, pero en Catulo más cercanos al epigrama, también en dístico. A Catulo se le conoció como erudito (Mart. I, 4, 8; X, 3, 10; XII, 43), lo que contrasta fuertemente con la idea que puede tenerse al leer su obra sin elementos para juzgarla adecuadamente, pues parece burlón y grosero, tal vez impúdico, aunque audaz y rebelde, según los parámetros actuales imperantes en la literatura. Sin embargo, lo que Marcial juzgó fue la técnica, tan depurada. Dionisio de Halicarnaso lo hubiera clasificado como de estilo dulce, por la fluidez con la que puede leerse(Sobre el estilo). La erudición también se refiere a la cultura a la cultura implícita y a veces explícita que exhibe, por ejemplo la ya mencionada cultura egipcia.

Existen una veintena de traducciones al español, de las cuales, la más famosa y difundida es la Rubén Bonifaz Nuño, muy mala, de 1969. En España y en el mundo hispano, en general, era la de Jean Petit la más influyente hasta la aparición de la de Miguel Dolc en 1997, que está en prosa. Antes de la de Bonifaz, en México la más importante era de Joaquín D. Casasús, aparecida en 1905. Muy recomendable es la de Mariano Roldán. La presente, de Janitzio Villamar es la más apegada al original, en verso, que sigue la casi totalidad de los juegos del latín y logra gran musicalidad, a veces muy cercana a la del original. Para muchos se trata de la mejor que se ha hecho.

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I

¿A quién dedico este gracioso librito nuevo,

tallado con porosa piedra pómez?

A ti, Cornelio, porque tú solías

afirmar que algo tenían ya entonces mis tonteras,

cuando osaste sólo tú entre los latinos

explicar toda su historia en tres eruditos volúmenes

y, ¡por Júpiter!, también arduos.

Así, como está, recibe este librito,

¡oh, virgen patrona!, haz que

perdure intacto más de un siglo.

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1 En Roma, se escribía sobre papiro y éste necesitaba ser tallado para dejar sus bordes lisos

2 Cornelio Nepote, el historiador y biógrafo del que conservamos una Vidas de los capitanes ilustres

3 Cada familia tenía sus propios dioses, por lo que debe referirse a la diosa familiar

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IIa

¡Oh, gorrión, delicia de mi niña,

con quien juega, a quien en su seno tiene,

a quien da la punta de su dedo al pedirlo

y suele incitar al cruel mordisco,

cuando por mi deseo ardiente gusta

de no sé qué placentero y divertido (juego)

y también de aliviar sus dolores, según creo,

para calmar el violento ardor;

ojalá pudiera jugar contigo, como lo hace ella

y levantar de mi ánimo las tristes penas!

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III

¡Llorad, oh Venus y Amorcillos,

y cuanto de los humanos es de los amores:

ha muerto el gorrión de mi niña,

el gorrión, delicia de mi niña,

a quien más ella amaba que a sus ojos.

Pues dulce era y la conocía

a ella misma tan bien como a su madre la niña,

y de su seno él no se movía

sino saltando alrededor, ahora aquí, ahora allá,

sólo a su dueña piaba,

que ahora va por el camino tenebroso,

aquel, donde el regresar a cualquiera niegan.

En vosotros esté el mal, malditas tinieblas del Orco,

que todas las belleza devoráis:

tan bello para mí, al gorrión arrebatasteis.

¡Oh, hecho nefasto! ¡Oh, mísero gorrión!

Por tus obras ahora de mi niña

al llorar, enrojecen los hinchados ojitos.

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4 Elegí nombrar a los Cupidines de Catulo como Amorcillos por la evidente confusión que Cupidillos puede causar con el carácter unívoco de Cupido para los hablantes de castellano

5 Del Orco y no de Orco, pese a que se trata del dios, pero se asimilaba a él el lugar de los muertos o sombras

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V

¡Vivamos y amemos, Lesbia mía

y los rumores de los viejos más severos,

todos, en un centavo valoremos!

Los soles podrán morir y regresar,

pero cuando muera nuestra breve luz,

deberemos dormir la perpetua noche.

Dame, (mientras tanto), mil besos y luego un ciento,

después otros mil y un segundo ciento,

luego, hasta mil más, después un ciento.

Y después, cuando nos hayamos dado muchos miles,

revolvámoslos para que no sepamos y

ningún malvado pueda envidiarnos

cuando sepa qué tanto de besos hubo.

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Conturbabimus, futuro del indicativo, ha sido traducido como el presente de subjuntivo revolvámoslos, porque es introducido por el temporal cum, que pide, al traducir, revolveremos o revolvámoslos, utilizando el sentido impreciso del subjuntivo castellano, que da idea de futuro.

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VII

Preguntas cuántos besos

tuyos, Lesbia, son suficientes y sobrados.

Tantos como el enorme número de arenas libias

yace en Cirene, productora de laserpicio

entre el oráculo de Jove ardiente

y el sacro sepulcro del viejo Bato,

o tantos como astros innúmeros ven,

cuando calla la noche, los furtivos amores de los hombres:

tantos cuantos besos me beses

son suficientes y sobrados al delirante Catulo,

que ni puedan contarlos los curiosos

ni la mala lengua los embruje.

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7 Importante ciudad al Norte de África, entre Alejandría y Cartago, en Libia 32° 48¨N 21° 54´E. Fue fundada por Bato en el 631 a. C. Su territorio fue conocido como Cirenaica o como Pentápolis, porque en él había cinco ciudades: Cirene, Apolinia, Teucheria, Ptoleaida y Berenice. Perteneció al reino de los Ptolomeos

8 En nuestras enciclopedias se encuentra como planta de la familia de las umbelíferas (laserpitium siler). Alcanza hasta un metro de altura. Sus flores son blancas o rosadas y su fruto alargado. Se da entre las rocas del sudoeste europeo. Sus frutos dan una esencia azulosa muy olorosa y son usados como remedio para algunas enfermedades. Sin embargo, esta especie jamás se dio en África, por lo que, según Arturo Soler Ruiz, op. cit. pudiera tratarse del comino silvestre, también de la familia de las umbelíferas (Cuminum cyminum), pero de entre 30 y 40 centímetros de altura, cuyas flores son blancas y es originaria del alto Egipto. Sus frutos son ricos en aceites y son usados en perfumería, aunque, por tal nombre, no la localicé en los diccionarios especializados. Su pariente el Cominum hispanicum es usado como condimento para la comida. Por cierto que en egipcio no existe el sonido l.

9 En el hoy oasis de Siwah, en Egipto, 29° 12´N 25° 31´E.

10 Fascinare, en español existe con el mismo sentido: fascinar, como atraer su atención hasta un grado que se pierda la noción de todo lo demás, por eso las traducciones de embrujar, aquí tomada para facilitar al lector el entendimiento o hechizar o hipnotizar, más sencillos y no tan ambiguos como fascinar, que ha pasado a significar gustar demasiado.

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VIII

Mísero Catulo, acaba ya las necedades,

y lo que veas ya perdido, dalo por perdido.

Brillaban antes para ti los clarísimos soles,

cuando frecuentabas allí, donde la niña te conducía,

niña amada por nosotros, como nunca se amará a ninguna.

Donde aquellos ansiosos juegos eran hechos,

sólo los que tú querías y ella no desdeñaba,

brillaban entonces para ti los clarísimos soles.

Ahora ella no lo quiere: tú tampoco lo quieras, desenfrenado,

ni persigas lo que huye, ni vivas miserable,

sino, con obstinación, vive, resiste.

Sea, niña. Ya Catulo se obstinará

y no te buscará ni rogará de mala gana.

Y tú te dolerás, cuando por nadie seas rogada.

Criminal, ay de ti, ¿qué vida quedará para ti?

¿Quién se te acercará? ¿A quién parecerás bella?

¡A quién amarás ahora? ¿De quién se dirá que eres?

¿A quién besarás? ¿A quién los labiecillos morderás?

Pero, tú, Catulo, soporta el destino.

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11 Fulsere es un pretérito perfecto de indicativo. El verbo principal está ligado a su temporal ventitabas, por eso la elección del imperfecto. El matiz es de puntualidad contra duración, pero no se puede establecer en este caso, porque la acción puede prolongarse más del tiempo que concede la puntualidad del perfecto.

12 Perfer, obdura. Asíndeton. Bonifaz Nuño marca que existe un caso semejante en Ov. Trist. VI, 11, 7 y en Am. III, 11, 7. Resistir y aguantar son parónimos, por lo tanto, se cambió uno de los dos por vivir, pues la expresión “con obstinación”, permite entender vivir con obstinación con aguantar la vida o resistir los embates de la vida.

13 El tibi con manet permite comprender que la vida permanece para ella o la vida permanece en ella. Al hablar de la vida que permanece para ella, estamos entendiendo que la vida es ajena a ella y le hace el favor de permanecer en ella; al entender que la vida permanece en ella se entiende que la vida todavía está en ella, no se ha dispersado del envase corpóreo en el que se encuentra.

14 Las traducciones para obdura varían porque el destino junto a resiste crearían una aliteración muy chocan al oído.

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LVIIIa

¡Oh, Celio!, nuestra Lesbia, aquella Lesbia,

la misma Lesbia, la única que Catulo amó

más que a sí mismo y a todos sus amigos,

(esa), ahora en avenidas y callejones

se las mama a los nietos del magnánimo Remo.

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LXX

Con ninguno dice mi mujer que quiere casarse

más que conmigo, ni aunque el mismo Júpiter se lo pidiera.

(Eso) dice, pero lo que la mujer dice al deseoso amante,

en el viento y en la rápida agua conviene escribirlo.

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LXXIX

Lesbio es hermoso. ¿Cómo no a quien Lesbia quiera

más que a ti con toda tu gente, Catulo?

Pero, con todo, venda este joven bello a Catulo con su gente

si encuentra él tres salivosos entre quienes le fían.

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15 Se deja el signo interrogativo hasta donde acaba la cláusula. En inglés o alemán no es necesario, como ya se anotó, pero en español no podemos romper la cláusula.

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LXXXII

Quinto, si a ti quieres que deba los ojos Catulo

u otra cosa si algo más querido hay que los ojos,

no quieras arrebatarle lo que con mucho más querido es para él

que los ojos, si algo es más querido que los ojos.

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LXXXV

Odio y amo, ¿por qué lo hago acaso preguntas?

No lo sé, pero siento que lo hago y me atormento.

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LXXXVII

Ninguna mujer puede decirse en tanto amada,

en verdad, cuanto por mí, mi Lesbia es amada.

Ningún juramento a alguno fue tan fiel alguna vez,

cuanto, hasta aquel punto el mío, en tu amor fue hallado.

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Fragmentos

II

tengo en mi deseo el lamer.

III

y no escaparás de mis yambos.

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16 Tipo de verso latino, que consta de pies o medidas, como las de un pentagrama. El yambo equivale es un ritmo rápido con una parte rápida o breve y una lenta o larga. Se ocupaba en los epigramas o en los poemas burlescos.

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